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Opinión | Buena Jera

Este agosto tan raro

Yo no sé si cambia agosto o cambiamos nosotros, pero el caso es que este agosto del 2026 se parece muy poco a otros agostos.

Verano en el pueblo

Verano en el pueblo / Pexels

Yo no sé si cambia agosto o cambiamos nosotros, pero el caso es que este agosto del 2026 se parece muy poco a otros agostos. Y no es preciso remontarse a aquellos años duros de siegas, acarreos, eras, costales, bieldas y tornaderas, sino mirar mucho más cerca, cuando agosto era un mes en el que no pasaba casi nada, muy pocas cosas; incluso las fiestas patronales de muchos pueblos conservaban intactas sus raíces; ahora son casi un desmadre con un gentío que válgame dios; uno va a los encierros por el campo y hay más coches que personas, casi no se puede aparcar en el término municipal. "Como es gratis", oigo a un espectador. Otro sentencia: "Para que luego nos quejemos del precio de la gasolina; los litros que se están quemando aquí para ver un par de toros". "Hay gente pa’ to’", que decía el Guerra cuando preguntó quién era aquel señor que le acababan de presentar y le contestaron que "ingeniero de Caminos, Canales y Puertos".

Pues, eso, que cada cual tiene su opinión y más cuando está de vacaciones en el pueblo y necesita demostrar sabiduría, experiencia y chispa, especialmente en este agosto actual que se presta a que cualquiera quiera dar lecciones de lo divino, lo humano y lo de más allá. Yo he oído las explicaciones más retorcidas y disparatadas sobre el eclipse, los terremotos de Granada, la ola de calor, el problemón de Ceuta, las bravatas de Trump, el estrecho de Ormuz, las matanzas en Gaza y Cisjordania, las erupciones del Etna y el Popocatépetl…

Y así podríamos seguir otras cuantas líneas más porque ahí está una de las claves de este extraño agosto. ¿En años anteriores sucedían cosas similares? No recuerdo seísmos como los de Granada (seguro que la culpa también es de Pedro Sánchez, a ver cuánto tardan en echársela), ni conflicto humano y diplomático como el de Ceuta, ni tormentas tan salvajes y despiadadas como las que sacuden con frecuencia España, ni sequías que paralice el transporte fluvial en media Europa y ofrezcan imágenes tan escalofriantes como las del precioso Danubio medio seco, ni hachazos a la economía mundial por las desquiciadas palabras del presidente norteamericano, ni acciones sangrientas como las del ejercito israelí, ni… Hace años era corriente lanzar las llamadas "serpientes de verano" para llenar los periódicos y la gente se lo tomaba con normalidad; ahora no hacen falta ni serpientes ni cocodrilos; la propia actualidad las crea sin necesidad de darle carrete a la imaginación. En cambio, agosto ha perdido la facultad de "agostar" las plantas; actualmente ya las agosta julio y, a veces, hasta junio. En eso también han variado las cosas.

De modo que tenemos un agosto rarito y, mucho me temo, que preludio de otros aun más extraños. A la vista de la situación mundial y nacional, los agostos de antaño han pasado a mejor vida. Salvo por las vacaciones (quien las disfrute) y las fiestas, este mes se parecerá más a cualquiera de primavera, verano y otoño que a los agostos que uno recuerda de cuando agosto era agosto. En Castilla y León, podrían haber variado algo más las cosas, pero aquí estamos, esperando el santo advenimiento de la llamada Desregulación, que encarna el vicepresidente de la Junta y líder de Vox, Carlos Pollán. Yo esperaba que, como parecía correrles prisa, afrontaran la desregulación cuanto antes, en pleno agosto, cuando Mañueco suele estar de perfil bajo. Pero no, se ve que la ultraderecha anda haciendo ejercicios desregulatorios y todavía no progresa adecuadamente. Esperemos a septiembre y a que nos lleguen noticias que, como mínimo, nos pongan en guardia y nos obliguen a llevar coraza.

Mientras tanto, apuremos los días que le quedan a agosto para no dejarnos impresionar aun más por una realidad que ya en muchos aspectos nos desborda y se ha cargado la imagen tradicional y casi beatífica de los agostos tranquilos, relajados y llenos de serpientes de verano. Tómenselo con calma y con un buen vino.

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