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Opinión | Zamoreando

Sin mano de obra

Marruecos se está quedando sin mano de obra joven, sin capital intelectual, con la agricultura sin relevo, el comercio local sin consumo y la construcción paralizada. Marruecos se está quedando sin futuro.

España-Marruecos: cronología de la crisis

España-Marruecos: cronología de la crisis

Marruecos se desangra por su frontera norte, viviendo una de las contradicciones más amargas de su historia moderna. Mientras los despachos oficiales en Rabat ultiman los planos de estadios colosales y autopistas relucientes para impresionar al mundo en el Mundial 2030, las playas y las vallas que colindan con Ceuta se han convertido en el epicentro de un naufragio generacional.

Miles de jóvenes, la auténtica columna vertebral que debería levantar el país, prefieren arrojarse al mar o saltar concertinas antes que seguir respirando el aire de una tierra que sienten que los asfixia. No estamos ante un flujo migratorio habitual; estamos ante una evacuación voluntaria y desesperada. Una renuncia colectiva que está dejando al tejido productivo del Reino alauita sin sus brazos más enérgicos, abriendo una grieta insondable en su mercado laboral.

La narrativa oficial de Marruecos habla de emergencia económica, de gigafactorías de coches eléctricos y de un turismo récord. Pero detrás del escaparate de titanio y cristal se esconde una realidad de barro. La macroeconomía del país avanza a dos velocidades, y la peor parte se la ha llevado la llamada Generación Z y los millennials más jóvenes. Para millones de ellos, la vida en Marruecos se resume en cuatro letras: NEET (ni estudian, ni trabajan, ni reciben formación). El desempleo juvenil en las zonas urbanas roza cotas insostenibles. Las aulas universitarias escupen miles de licenciados cada año hacia un mercado laboral que solo ofrece dos salidas: la precariedad extrema en la economía informal o el mostrador de un locutorio.

Cuando la educación deja de ser un ascensor social para convertirse en una sala de espera sin salida, el horizonte se borra. Las redes sociales hacen el resto, actuando como megáfonos que coordinan huidas masivas a plena luz del día, transformando la frustración individual en una marea humana incontenible.

El país se queda sin relevo generacional. El impacto inmediato de esta sangría no se mide solo en las devoluciones en caliente o en la presión diplomática sobre España y la Unión Europea. El verdadero drama, el más silencioso y destructivo a largo plazo, se queda dentro de las fronteras marroquíes. Marruecos se está quedando sin mano de obra joven, sin capital intelectual, con la agricultura sin relevo, el comercio local sin consumo y la construcción paralizada. Marruecos se está quedando sin futuro.

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