Opinión | Cartas de los lectores
Ramón Lucas Lucas
Doña Rosa
Doña Rosa. No se necesitaban más datos para identificar de modo unívoco a la maestra de San Martín de Tábara (Zamora) en los años 1960 - 1970

CARTAS
Doña Rosa. No se necesitaban más datos para identificar de modo unívoco a la maestra de San Martín de Tábara (Zamora) en los años 1960 - 1970. Compartía la labor educativa con su esposo, el maestro Don Laureano, quien tampoco necesitaba de otros añadidos para ser reconocido como "el maestro de San Martín". Él tenía la responsabilidad sobre "la escuela de arriba", frecuentada por los muchachos, y ella sobre "la escuela de abajo", en las que estudiaban las muchachas. Los términos "niño/a", "chico/a", sonaban muy cursis en ese pueblo labriego que da inicio a la Sierra de la Culebra; así que todos eran "muchachos/as", o "rapaces/as", por lo fronterizo con Portugal.
En lo escolar, tuve mayor contacto con el maestro, aunque cuando él raramente faltaba lo suplía Doña Rosa, juntándonos a todos en la "escuela de arriba", que tenía mayor capacidad. En la vida social tuve mucho contacto con los dos, y con sus hijos -mis coetáneos- Rosita y Juan José, pues mi casa estaba junto a la "casa de los maestros" y al lado de la "escuela de arriba". Fueron siempre amigos cercanos. Es justo decir que Don Laureano era una persona muy íntegra, justa con todo el mundo y firme con los compromisos; Doña Rosa caminaba siempre a su lado en ese aspecto.
Maestro y maestra gestionaban la escuela multiniveles. Confluían simultáneamente en la misma aula diferentes edades (entre los 5 y los 14 años). Mientras los más pequeños aprendían a leer con la cartilla o a escribir en pizarrines, los mayores estudiaban con la clásica Enciclopedia Álvarez. El objetivo principal era asegurar la alfabetización completa: lectura fluida, caligrafía, ortografía y cálculo mental aplicado a la vida diaria (pesos, medidas y moneda). La enseñanza incluía geografía e historia, civismo, educación moral y religiosa catequística. Aún hoy recuerdo como repetíamos de carrerilla las capitales del mundo, los principales ríos, las cordilleras y cadenas montañosas, etc. Los maestros preparaban a los alumnos para obtener el Certificado de Estudios Primarios o para el examen de "Ingreso" si alguno continuaba el bachillerato en la capital. Yo salí de San Martín cuando tenía 12 años, inicié en Santander el primer año de Bachillerato con una excelente preparación escolar y cívica, que nada tenía que pedir a mis nuevos compañeros que habían realizado los estudios previos en la capital cántabra. Los maestros debían supervisar el acondicionamiento del aula en los fríos inviernos zamoranos; los muchachos/as se turnaban para llevar troncos de leña a la estufa colocada en el centro de la escuela. La vida escolar y social estaba entrelazada.
El trabajo de un maestro o maestra, en una localidad rural pequeña como San Martín de Tábara, iba mucho más allá de la docencia tradicional. Formaba parte del pilar social del pueblo junto al médico (que vivía en Olmillos, pueblo limítrofe) y al cura, que en esos años fueron Don José y Don Cándido. San Martín de Tábara, pueblo profundamente rural, vivía estrictamente apegado al suelo: la labranza de la tierra, las cosechas, la ganadería, el curso de las estaciones, sin apenas cambios ni otras necesidades materiales que alimento, vestido y techo. El maestro actuaba a menudo como nexo con el exterior: ayudaba a los vecinos a redactar o leer cartas de familiares emigrados (a Suiza, Alemania o Bilbao y Barcelona) y a rellenar documentos oficiales.
Ser maestro en el entorno rural de Zamora en los años 60 y 70 implicaba una labor de enorme dedicación, paciencia y versatilidad, ejerciendo de educador, guía comunitario y referente cultural en un periodo de fuerte transformación y emigración rural en España. Hoy recuerdo con gratitud que fueron Don Laureano y Doña Rosa quienes apoyaron a mis padres para que yo pudiera dejar la meseta castellana y emigrar a las montañas cántabras para hacer el Bachillerato. Todo ha sido ganancia. El amor a Castilla lo llevo en la sangre, el de Cantabria en la adolescencia vivida con gozo y entusiasmo en el Valle del Pas. La primera alfabetización en San Martín ha alcanzado el grado de Profesor Catedrático en la Universidad de Roma. Gracias Doña Rosa y felicidades por su 100 cumpleaños.
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