Opinión

Portavoz adjunto del Grupo Socialista en las Cortes de Castilla y León
Zamora Románica 3.0: conquistar el futuro desde la fuerza de nuestra historia
" El escaneado tridimensional, la fotogrametría, la monitorización estructural o la realidad aumentada permiten documentar nuestros monumentos con una precisión extraordinaria y acercarlos a públicos cada vez más amplios"

Románico de Zamora
Hay una frase que quienes vivimos en Zamora hemos escuchado en innumerables ocasiones. La pronuncian quienes llegan por primera vez a nuestra ciudad o recorren alguno de los pueblos de la provincia. Lo hacen con una mezcla de sorpresa y admiración que siempre resulta gratificante: "Qué ciudad tan bonita. Qué provincia tan extraordinaria. No imaginábamos que hubiera tanto patrimonio".
Es una reacción que nos llena de orgullo, pero que también debería invitarnos a la reflexión. Si tantos visitantes descubren Zamora con asombro es porque todavía somos una de las grandes desconocidas de España. Poseemos uno de los conjuntos románicos más importantes de Europa y, sin embargo, seguimos siendo para muchos un hallazgo inesperado. Esa paradoja no habla de una falta de riqueza patrimonial; habla de una falta de ambición colectiva para convertir ese patrimonio en una auténtica seña de identidad y en una oportunidad de desarrollo.
Porque el verdadero problema de Zamora nunca ha sido la ausencia de recursos. Nuestro problema ha consistido, demasiadas veces, en no saber transformar aquello que nos hace únicos en un proyecto compartido de futuro.
El románico no es únicamente un legado artístico que debamos conservar por respeto a quienes nos precedieron. Es también un activo cultural, económico y social capaz de generar empleo, atraer turismo de calidad, impulsar la investigación, favorecer la innovación y fortalecer la imagen de una provincia que necesita encontrar oportunidades allí donde otros solo ven dificultades. En un territorio como el nuestro, marcado durante décadas por la pérdida de población y por la sensación de quedarse al margen de las grandes decisiones, el patrimonio puede convertirse en uno de los pilares sobre los que construir una estrategia de desarrollo sólida y duradera.
No se trata de vivir del pasado. Se trata de poner el pasado al servicio del futuro.
Hace ya casi veinte años, la Junta de Castilla y León comprendió esa realidad cuando puso en marcha el programa Zamora Románica. Entre 2008 y 2014 se invirtieron cerca de seis millones de euros en la restauración de una veintena de iglesias de la capital. Aquella iniciativa supuso mucho más que una sucesión de obras. Representó una manera de entender el patrimonio desde una perspectiva global, con planificación, recursos y una visión de conjunto que permitió recuperar edificios emblemáticos y situar el románico zamorano en el lugar que merecía.
Lamentablemente, ese impulso fue perdiéndose con el paso del tiempo. Zamora Románica II tuvo un alcance mucho más limitado y no logró mantener la ambición de la primera etapa. En la actualidad continúan desarrollándose actuaciones de conservación y restauración bajo el paraguas del programa Románico Atlántico, una iniciativa valiosa que ha permitido intervenir en algunos bienes de enorme interés. Sin embargo, por su propio ámbito de actuación y por la naturaleza de sus intervenciones, dista mucho de responder a las necesidades que plantea un conjunto patrimonial tan amplio y excepcional como el de Zamora.
Lo que necesita nuestra provincia no son únicamente actuaciones puntuales, por acertadas que sean. Necesita una visión de conjunto, una planificación estable y un proyecto que entienda el románico como un auténtico motor de desarrollo para las próximas décadas.
Y precisamente ahí es donde nace la propuesta de Zamora Románica 3.0.
No pretende ser una reedición nostálgica del programa original, sino una evolución natural adaptada a las necesidades del siglo XXI. Porque hoy conservar el patrimonio significa mucho más que restaurar un edificio cuando aparecen problemas estructurales. Significa conocer con precisión su estado de conservación, planificar las intervenciones con criterios técnicos, aplicar las nuevas tecnologías para documentarlo y estudiarlo, hacerlo accesible a la ciudadanía y convertirlo en un instrumento de desarrollo cultural y económico.
El primer paso debe ser elaborar un diagnóstico completo del estado del patrimonio románico de la capital y de la provincia. No es posible planificar correctamente aquello que no se conoce con rigor. Ese análisis debe servir para establecer prioridades, ordenar las actuaciones y definir un Plan Director que garantice continuidad y estabilidad, alejando la conservación del patrimonio de la improvisación o de los calendarios políticos.
Pero Zamora Románica 3.0 debe aspirar a mucho más que restaurar iglesias.
Cada intervención representa una oportunidad extraordinaria para generar conocimiento y compartirlo con la sociedad. Detrás de una restauración trabajan arquitectos, arquitectos técnicos, arqueólogos, historiadores del arte, restauradores, delineantes y numerosos especialistas cuyo trabajo suele quedar oculto tras los andamios. Sin embargo, todo ese conocimiento puede convertirse también en una herramienta educativa y divulgativa.
¿Por qué no abrir las restauraciones al público mediante visitas organizadas? ¿Por qué no explicar a escolares, vecinos y visitantes cómo se recupera un retablo, cómo se consolidan unos capiteles o qué secretos aparecen durante una excavación arqueológica? En muchos lugares de Europa las obras sobre el patrimonio forman parte de la experiencia cultural de quienes visitan una ciudad. Zamora también puede hacerlo.
La tecnología ofrece además posibilidades impensables hace apenas dos décadas. El escaneado tridimensional, la fotogrametría, la monitorización estructural o la realidad aumentada permiten documentar nuestros monumentos con una precisión extraordinaria y acercarlos a públicos cada vez más amplios. La modernidad no consiste en dejar atrás nuestra historia, sino en utilizar todas las herramientas del presente para conservarla mejor y difundirla con mayor eficacia.
A ello debe sumarse una cuestión igualmente importante: la accesibilidad. Resulta difícil explicar que una parte importante del patrimonio restaurado con fondos públicos permanezca cerrada durante buena parte del año. Es necesario avanzar en acuerdos con las diócesis de Zamora y Astorga que permitan compatibilizar plenamente el uso religioso de los templos con su apertura cultural, favoreciendo que vecinos y visitantes puedan disfrutar de un patrimonio que pertenece a la memoria colectiva de todos.
También debemos replantearnos la manera en que mostramos nuestro románico. La señalización actual resulta, en muchos casos, insuficiente para una ciudad que aspira a ser un referente cultural. Es necesario crear itinerarios coherentes, incorporar recursos digitales y ofrecer una información homogénea y atractiva que permita comprender el enorme valor de cada monumento y del conjunto que todos ellos forman.
Invertir en patrimonio exige recursos, y conviene decirlo con claridad. Sin embargo, mucho más caro resulta desaprovechar el potencial de uno de los mayores tesoros culturales que posee Castilla y León. Cada euro destinado a conservar y poner en valor nuestro legado genera actividad económica, impulsa el turismo, crea empleo especializado y fortalece la imagen de Zamora como destino cultural de primer nivel. El patrimonio no es un lujo que podamos permitirnos únicamente en épocas de bonanza; es una inversión estratégica para el presente y para el futuro.
En demasiadas ocasiones hemos asumido que nuestra principal debilidad era la pérdida de población. Tal vez ha llegado el momento de cambiar la perspectiva y preguntarnos cuáles son nuestras mayores fortalezas. Estoy convencido de que pocas provincias españolas pueden ofrecer un legado histórico y artístico comparable al nuestro. La diferencia está en que ese patrimonio no puede limitarse a ser admirado por quienes llegan por casualidad; debe convertirse en una razón para venir, para volver y para invertir.
Ese es, en el fondo, el verdadero sentido de Zamora Románica 3.0. No hablamos únicamente de restaurar iglesias. Hablamos de recuperar la ambición. De entender que el patrimonio puede convertirse en un proyecto de provincia capaz de unir cultura, turismo, conocimiento, empleo e innovación. Hablamos de hacer que Zamora deje de ser un secreto magníficamente guardado para ocupar el lugar que merece entre los grandes destinos culturales de nuestro país.
Las piedras románicas llevan casi nueve siglos resistiendo el paso del tiempo. Han sobrevivido a guerras, incendios, abandono y cambios de época. Ahora nos corresponde a nosotros estar a la altura de ese legado. Nuestra responsabilidad no consiste únicamente en conservarlo, sino en darle un nuevo sentido para las generaciones que vienen.
Estoy convencido de que Zamora puede conquistar el siglo XXI sin renunciar a aquello que la hace única. Al contrario. Solo conquistará plenamente el futuro si entiende que su mayor oportunidad no pasa por parecerse a otros territorios, sino por convertir su historia, su patrimonio y su identidad en la base de un proyecto moderno, abierto y ambicioso.
Porque no se trata de vivir del pasado. Se trata de conseguir que el pasado trabaje, cada día, por el futuro de Zamora. n
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