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Opinión | Zamoreando

Reparto proporcional (I)

"El Palacio de la Moncloa, con sus amplios jardines, sus salones institucionales en desuso y su envidiable servicio de seguridad, se presenta como el entorno ideal para establecer el primer centro piloto de acogida de alta gama"

Un grupo de menores espera para ser filiado en una comisaría de la Policía Nacional, a 10 de agosto de 2026, en Ceuta (España). La ciudad acoge a miles de personas pendientes de retorno, entre ellas más de 1.300 menores, mientras las convocatorias difundidas en redes sociales hacen temer una nueva entrada masiva de migrantes. SOCIEDAD Gabriela Sardá Núñez - Europa Press

Un grupo de menores espera para ser filiado en una comisaría de la Policía Nacional, a 10 de agosto de 2026, en Ceuta (España). La ciudad acoge a miles de personas pendientes de retorno, entre ellas más de 1.300 menores, mientras las convocatorias difundidas en redes sociales hacen temer una nueva entrada masiva de migrantes. SOCIEDAD Gabriela Sardá Núñez - Europa Press

La solidaridad es un concepto bellísimo cuando se conjuga en tercera persona del plural y se financia con el presupuesto ajeno. Es reconfortante asomarse al balcón de la superioridad moral, contemplar el mapa autonómico y dictar sentencias sobre la acogida de menores no acompañados llegados a Ceuta y Canarias, mientras se calcula el impacto electoral desde un despacho climatizado. Sin embargo, el colapso de las infraestructuras locales y la saturación de los recursos de las comunidades receptoras demuestran que el sistema actual adolece de un grave defecto de forma. Falta pedagogía práctica. Falta predicar con el ejemplo. Por ello, en aras de una justicia distributiva auténtica, ha llegado el momento de aplicar un criterio de reparto estrictamente proporcional, empezando por la cúspide de la pirámide bien pensante.

Si la acogida es un deber ineludible y una fuente de enriquecimiento cultural, resulta egoísta privar de tal beneficio a los principales promotores de estas políticas. El Palacio de la Moncloa, con sus amplios jardines, sus salones institucionales en desuso y su envidiable servicio de seguridad, se presenta como el entorno ideal para establecer el primer centro piloto de acogida de alta gama. Es una cuestión de coherencia: nada dotaría de mayor legitimidad a los discursos gubernamentales que el sonido de unos balones de fútbol rebotando contra los muros del Consejo de Ministros, o ver a los jóvenes compartir el bufé diario con la comitiva presidencial.

La descentralización de esta hermosa carga no debe detenerse ahí. Los ministerios, tan dados a emitir directrices y circulares sobre la empatía universal, disponen de metros cuadrados sobrantes que bien podrían reconvertirse en zonas residenciales temporales. El Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones tiene la oportunidad de oro de demostrar la eficacia de sus propios protocolos instalando literas en sus plantas nobles. El Ministerio de Igualdad y el de Juventud e Infancia podrían tutelar directamente, mañana, tarde y noche, a estos menores, sustituyendo los fríos informes en PDF por la convivencia diaria en los pasillos oficiales. ¿Por qué no? No lo veo tan descabellado. Se me ocurren otros destinos que por falta de espacio incluiré mañana. No se lo pierda. n

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