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Opinión | Zamoreando

Veraneo insultante

Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado sostienen la soberanía nacional mientras el presidente del Gobierno exhibe una insultante indiferencia desde su retiro estival en La Mareta

Residencia La Mareta, en Costa Teguise (Lanzarote), en una imagen captada el viernes 31 de julio de 2026.

Residencia La Mareta, en Costa Teguise (Lanzarote), en una imagen captada el viernes 31 de julio de 2026. / La Provincia

Las Fuerzas Armadas y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado sostienen la soberanía nacional en la frontera de Ceuta bajo un total abandono político, mientras el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, exhibe una insultante indiferencia desde su retiro estival en La Mareta. Este contraste evidencia la quiebra moral de una gestión que premia la comodidad del gobernante y castiga la entrega de los servidores públicos.

Se está cometiendo por parte del Gobierno de España una flagrante injusticia laboral. Es imperdonable que, ante la situación ceutí, el Gobierno, con su presidente a la cabeza, más pendiente del eclipse solar que de la realidad que engulle nuestra soberanía nacional, haya cancelado los descansos legítimos de las tropas mientras la cúpula política mantiene intactos sus privilegios de verano.

La desconexión con la realidad es absoluta. Sin mostrar un ápice de dignidad y apego a España y a lo que representan las Fuerzas Armadas, Pedro Sánchez prolonga su descanso en un palacio de patrimonio nacional mientras la presión fronteriza desborda los recursos disponibles en Ceuta. La falta de liderazgo es absoluta. La ausencia de decisiones firmes ante la crisis migratoria demuestra una alarmante dejación de funciones por parte del inexistente Ejecutivo cuyo paradero se desconoce.

Moncloa esquiva la realidad del territorio fronterizo para no alterar el relato oficial ni perturbar las descansadas vacaciones presidenciales que mueven más efectivos, por tierra, mar y aire, de los que mueve el mismísimo Donald Trump. Los militares y agentes de las fuerzas de seguridad custodian el perímetro sin el respaldo político ni los refuerzos materiales necesarios y en medio de una disciplina inquebrantable, acatando la suspensión de sus permisos con una lealtad ejemplar, anteponiendo el deber a su propia conciliación familiar. La falta de reconocimiento oficial de quienes debieran estar a su lado, contrasta con la dureza de las guardias y la tensión operativa en el territorio.

Mientras los dirigentes políticos están a otra cosa mariposa, eludiendo el coste político y personal, la integridad de la frontera española depende exclusivamente de la profesionalidad, el honor y el desgaste físico de unos uniformados dejados a su suerte. ¡Bien por las Fuerzas Armadas!

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