Opinión | Zamoreando
Verano y alcohol
"La cerveza no hidrata; el tinto de verano no quita la sed"

Una camarera prepara unas cervezas en un chiringuito de la playa de Mataró. / Jordi Otix
El verano invita al hedonismo. Las terrazas llenas, los festivales de música, los chiringuitos de playa y las largas tardes de piscina crean el escenario perfecto para el consumo de alcohol. Existe una percepción generalizada de que una cerveza helada o un tinto de verano bien frío son las mejores herramientas para combatir el bochorno. Sin embargo, la ciencia y la fisiología humana dicen todo lo contrario: el verano actúa como un catalizador que multiplica de forma invisible los peligros del alcohol, transformando un consumo habitual en una situación de riesgo crítico. Este fenómeno puede entenderse como un "efecto lupa".
El sol y las altas temperaturas intensifican cada uno de los impactos negativos del alcohol en el organismo, anulando los mecanismos de defensa naturales del cuerpo humano. Me lo ha dicho mi nutricionista, Ana Isabel Cabrero, técnico en el Hospital Provincial, mujer de mucha valía, cargada de títulos y sobre todo de experiencia que se echa las mano a la cabeza ante las barbaridades que se cometen con una imprudencia infantil.
El cuerpo humano regula su temperatura en verano principalmente a través del sudor. Para que este sistema funcione, el cerebro libera una sustancia llamada hormona antidiurética (vasopresina), que ordena a los riñones retener agua para mantenernos hidratados. El alcohol rompe por completo este equilibrio de dos formas simultáneas: El bloqueo hormonal y la falsa saciedad. Además, el alcohol altera el sentido del equilibrio y el oído interno. Me dice Ana que uno de los mitos más peligrosos es que el alcohol refresca. Al ingerirlo, se produce una vasodilatación periférica; es decir, los vasos sanguíneos de la piel se dilatan y la sangre corre hacia la superficie. Esto genera una ráfaga inicial de frescor cutáneo, pero es un espejismo físico.
Tenemos que aprender a redefinir el ocio estival. El objetivo de visibilizar estos riesgos no es prohibirlo, sino desmantelar mitos culturales peligrosos. La cerveza no hidrata; el tinto de verano no quita la sed. Para disfrutar de la temporada estival con seguridad, la regla de oro de la salud pública es la compensación simétrica: por cada copa de alcohol, se debe ingerir obligatoriamente un vaso de agua pura, además de evitar el consumo en las horas centrales del día, que es cuando el sol y la termorregulación libran su batalla más dura.
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