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Opinión | La mirilla

Un ratito en el pueblo

Lo más importante es que estos días hacemos felices a los más mayores, que con la compañía y el jolgorio hasta rejuvenecen, ya que sienten de nuevo la vida que tenían sus pueblos hace años

GALERÍA | Las fiestas de "La Asunción" en Flechas, el pueblo alistano en el que habitan tres personas

GALERÍA | Las fiestas de "La Asunción" en Flechas, el pueblo alistano en el que habitan tres personas / Chany Sebastián

Estos días de fiestas, casi todos los que tenemos pueblo nos escapamos allí. Los forasteros llenamos las calles, nos sentamos a la puerta a tomar el fresco, disfrutamos de la tranquilidad, de las charlas sobre todo y nada a la vez, echamos unos bailes en las verbenas, los niños vuelven a llenar la plaza...

Tener pueblo es una suerte que muchas veces no sabemos valorar. Durante una época me daba cierta pereza ir, lo reconozco, esos años estúpidos por los que todos pasamos en los que prefieres hacer cualquier otra cosa antes que estar con tu familia, pero por suerte el tiempo pone las cosas en su sitio y te acabas dando cuenta de lo afortunado que eres de contar con ese remanso de paz. Y con los años incluso te sorprendes al sentir que volver al pueblo se ha convertido en una necesidad, aunque solo pases un par de días y ya no ese verano que parecía no acabar nunca en el que el tiempo se detenía entre bicis, flashes, pipas, juegos de cartas, guisos de tu abuela y horas incontables en la calle.

Pero en el fondo, lo más importante es que estos días hacemos felices a los más mayores, que con la compañía y el jolgorio hasta rejuvenecen, ya que sienten de nuevo la vida que tenían sus pueblos hace años. Una vida que ojalá no se acabara nunca, pero que se ha ido apagando y que, ahora, solo se siente a ratitos.

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