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Opinión

Las gafas del eclipse sociológico del 15 de agosto en Zamora

El eclipse sociológico dura apenas unos días, pero como el de la luna que tapa al sol pese a ser más pequeña, nos permite soñar de día que "muchas gentes pequeñas haciendo cosas pequeñas pueden cambiar el mundo"

Las gafas del eclipse sociológico del 15 de agosto en Zamora

Las gafas del eclipse sociológico del 15 de agosto en Zamora

No, no me he equivocado de fecha del eclipse, porque en torno al día 15 vamos a vivir un gran eclipse en Zamora.

Empecé este escrito pocas horas antes de que se hubiera producido el eclipse histórico del 12 de agosto, que en los días anteriores había eclipsado la información a nivel estatal porque hacía más de cien años que en España la luna no ocultaba totalmente al sol.

Como también se eclipsó la información y la actividad local porque, como esta vez la decisión no dependía del poder político, resulta que en el rincón olvidado desde la Edad Media "allá en Castilla la Vieja (...) Zamora la bien cercada", en Benavente sobre todo, y también en gran parte de la provincia, se iba a hacer de noche a destiempo durante unos minutos o segundos... gracias a la sencilla luna lunera cascabelera que cantan los niños.

En toda Zamora se aplazaron eventos culturales y deportivos. Se interrumpió el verano cultural de los pueblos y ciudades. Algunos comercios supervivientes adelantaron el cierre. Ayuntamientos -también supervivientes- y otras instituciones organizaron actividades relacionadas con el eclipse y su celebración, como acontecimiento que sólo vamos a ver una vez en la vida. Y la provincia vaciada se llenó de gente para ver el eclipse con las gafas que protegen los ojos de quienes se atreven a mirar al astro rey.

Precisamente de las gafas es de lo que quería hablar. Porque las homologadas gafas que cuando nos las probamos para ver si funcionaban nos hacían ver todo negro, nos permitieron comprobar con nuestros propios ojos lo que los astrólogos lunáticos vaticinaban: el insólito acontecimiento de cómo una luna mucho más pequeña que el astro rey conseguía ocultar la potente luz del sol.

¡Qué emoción, cuando hasta los más escépticos tuvieron que rendirse ante la evidencia de que un pequeño satélite sin luz propia iba comiendo terreno al astro más importante el sistema solar! Se hizo de noche a la vez que un pequeño sueño se hacía realidad durante veinte segundos: no siempre vence el astro rey ni el rey sol; o al menos las lunáticas republicanas consiguen ocultarlo en una noche que dura apenas unos segundos.

Un claro ejemplo de que a veces los pequeños y sobre todo las pequeñas pueden ocultar el brillo de los más grandes que, tal vez por eso, no nos permiten mirarlos de frente bajo amenaza de quedarnos ciegos, mientras son los grandes los que se ponen ciegos a nuestra costa.

Hasta aquí el pseudo análisis político del acontecimiento que nos hizo a todos más lunáticos, para pasar a hablar de otro eclipse que se produce todos los meses de agosto en Zamora. Y de sus gafas.

Resulta que durante todo el año, cuando nos ponemos las gafas homologadas como las del eclipse para mirar la realidad de la provincia, lo vemos todo negro: Los servicios retroceden. El número de campesinos baja a la vez que los precios de los cereales y la leche de vaca. El tren del progreso y el tren madrugador se retrasan. Y sólo aumentan las macrogranjas, las energías más o menos bio, y la despoblación galopante.

Pero llega el mes de agosto con el anuncio del eclipse de verano, y la gente de los pueblos se va preparando para celebrar el eclipse de agosto como acontecimiento que sólo van a ver y vivir una vez al año.

Los alcaldes y alcaldesas que han aprobado en sus presupuestos la mayor partida para las fiestas, se vuelcan para celebrar el eclipse de verano en su pueblo. Las peñas de autóctonos y forasteros adecentan locales y viviendas vacías para acoger a forasteros y autóctonos de pueblos cercanos. Las asociaciones y vecinos que han resguardado la cultura durante todo el largo invierno, salen a las calles a mostrarla con orgullo merecido. Los más mayores reviven las tradiciones para transmitírselas a los jóvenes de la emigración, que no dudan en correr las mascaradas de invierno en verano. Los pueblos rivalizan de buena fe en conseguir la verbena más ruidosa, los toros más bravos o la mayor paellada con precaución por si los incendios. Los curas extranjeros sin prioridad nacional sacan los santos nacionales en procesión.

El anuncio del eclipse del 15 de agosto llena los pueblos de la provincia de gentes atraídas para celebrar un acontecimiento que sólo se vive una vez al año. Y cuando está todo preparado para avistar el eclipse, las gafas nos permiten mirar al cielo para celebrar la asunción de una mujer, como se mira la luna en el eclipse de los astrólogos.

Éste que podríamos llamar el eclipse de los sociólogos, es el que nos permite que durante unos días de agosto se encienda la luz de la esperanza en la Zamora vaciada durante la larga noche del invierno.

El eclipse sociológico dura apenas unos días -algo más que el eclipse astrológico- pero como el de la luna que tapa al sol pese a ser más pequeña, nos permite soñar de día que "muchas gentes pequeñas haciendo cosas pequeñas pueden cambiar el mundo". O al menos la pequeña provincia zamorana. Porque lo que dura un mes, puede durar toda una vida.

Aun así, ante los eclipses hay que tomar precauciones. Porque el mismo eclipse que nos permite vislumbrar la posibilidad de que la pequeña luna y las pequeñas gentes oculten por unos segundos o unos días a los astros reyes cegadores, también puede eclipsar a Gaza y Palestina, a la frontera del hambre en Ceuta, a la crisis humanitaria en África, a la guerra de Irán y otras guerras olvidadas, a Marruecos y el Sahara. Para verlos hay que homologar de solidaridad las gafas de esos eclipses que el rey sol de la querida tierra en que vivimos nos oculta.

El caso es que el eclipse astrólogico del 12 de agosto "fuese y no hubo nada", y tardará muchos años en volver. Pero el próximo año volverá el eclipse del 15 de agosto en Zamora. A ver si en lugar de al cielo, miramos a la vieja tierra abandonada con las gafas homologadas de la solidaridad. n

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