Opinión
No nos quedamos ciegos, estamos ciegos

No nos quedamos ciegos, estamos ciegos
En la mayoría de las civilizaciones del mundo el embrujo de los eclipses ha dado lugar a numerosas leyendas y a todo tipo de obras de arte, cargadas de un profundo simbolismo mitológico, político y religioso, para explicar ese momento enigmático e inquietante, donde de pronto, y tras la alineación geométrica perfecta entre la Tierra, la Luna y el Sol, se produce un apagón general en esta pelota, cuyo interior está formado por magma incandescente, que está en constante movimiento, aunque no lo notemos.
Además, cuando se origina un eclipse, los seres humanos nos quedamos embobados observando el fenómeno y, en estos momentos de la historia debemos ponernos gafas especiales de sol para no quedarnos ciegos.
Pero ya, mi admirado José Saramago, en su Ensayo sobre la ceguera, nos hizo recapacitar sobre ello al escribir lo siguiente: "Creo que nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos. Ciegos que ven, ciegos que viendo no ven".
Y esas afirmaciones, que parecen contener una contradicción, son aplicables a las sociedades actuales, no sólo cuando admiramos embobados los eclipses, sino también cuando aguantamos las mentiras y la constante rapiña realizada por una buena parte de nuestros gobernantes, que están viendo sin ver y sin tomar ninguna medida efectiva, para resolver los gravísimos problemas que se nos presentan a cada momento en el país.
Ya desde muy antiguo, a los coleccionistas, a los ladrones y a los saqueadores les han gustado mucho, pero que mucho, las joyas con eclipses. Una de las primeras representaciones de un eclipse apareció de manera fortuita en el año 1999, cuando unos salteadores "trabajaban en lo suyo" en el monte Mitteberg, cerca de la ciudad de Nebra, en la Alta Sajonia (Alemania), los cuales se encontraron "como por casualidad" con un disco de bronce y oro, datado sobre el año 1600 antes de Cristo.
En él se puede ver un ver un sol, una luna creciente y estrellas. Se reconoce perfectamente el eclipse, ya que la luna está circundada por una arco solar, un efecto producido sólo por el fenómeno citado.
Y vamos a hacer un inciso para hablar ahora de las joyas de la luna, pero ojito, que las joyas de la luna, les recuerdo a los coleccionistas en la sombra, provienen de un efecto óptico, durante el eclipse solar, no siendo que su codicia los mueva a arrebatárselas de manera poco ética.
Posiblemente la luna a partir de ahora correrá un serio peligro, pues sabemos que el día del eclipse se adorna con sus joyas más preciadas, un collar de perlas de luz o cuentas de Baily en su exterior, formado por resplandores puntuales de luminiscencia solar.
Y es que, en el eclipse, la luna también saca a relucir su anillo de diamantes, se lo pone justo antes y justo después de que ella oculte totalmente al sol, entonces, durante una fracción de segundo aparece un destello dorado o verdoso y es un privilegio verlo.
Pero para acabar de entender por qué los seres humanos estamos ciegos y a pesar de ver, no vemos, me detendré en una pintura de rabiosa actualidad, que lleva como título "Eclipse de sol", realizada por un visionario pintor expresionista de nombre George Grosz, hace ya un siglo, concretamente en 1926.
El tema se centra en la época de entreguerras en la República de Weimar. Es considerada una de las grandes obras maestras sobre el tema que aquí tratamos, los eclipses.
La República de Weimar fue el primer régimen democrático que duró de 1918 a 1939, tras la caída del Imperio alemán.
En esa ciudad alemana Weimar se firmó una nueva Constitución en 1919. Representó un gran avance en derechos sociales y civiles y lo que es más importante destacó "en un principio" por una gran libertad artística e intelectual.
Pero todo se corrompe, y sólo siete años después, en 1926, el pintor expresionista, George Grosz pintó en 1926 su cuadro Eclipse de sol, considerada una de las obras maestras de la época.
El autor tomando como base el tema del eclipse, nos manda un mensaje acerca del oscurantismo de los dirigentes, realiza una feroz sátira de la corrupción de la República de Weimar, del auge del militarismo y de los totalitarismos. Alrededor de una mesa se puede apreciar un grupo de políticos sin cabeza, una serie de burócratas ciegos que obedecen sin rechistar las órdenes del presidente del país, el cual está rodeado de olor a muerte y a guerra.
Lo más importante del cuadro son los símbolos utilizados por el pintor.
El sol aparece en la parte superior izquierda del cuadro, haciendo referencia al crecimiento y a la vida, pero está eclipsado por el símbolo del dólar, no por la luna, por el dinero como símbolo de la codicia, del abuso del poder económico por parte de las élites políticas que oscurecen la vida del pueblo.
El presidente político y militar está situado en el centro, para resaltar lo importante que cree ser, es un ególatra; también va trajeado con un elegante traje rojo.
Un hombre con chistera le susurra algo al oído, para controlar todas sus decisiones y para beneficiar a la élite económica, todo lo cual representa al capitalismo.
Los representantes del pueblo sin cabeza están sentados a la mesa del gobierno, son cuerpos de hombres perfectamente trajeados, que representan a los políticos, a los militares y a los seguidores sumisos y fanáticos, desprovistos de intelecto y voluntad propia que obedecen ciegamente a sus dirigentes, permitiéndoles todos sus desmanes.
Encima de la mesa y de espaldas a la reunión aparece un burro comiendo papeles. Simboliza al pueblo domesticado, ignorante y dispuesto a aceptar todas las consignas y cualquier manipulación de los medios de comunicación del gobierno, mientras lleve anteojeras para taparle los ojos y así provocarle la ceguera, porque pudiendo ver, no ve.
Y por último hay un esqueleto tumbado debajo de la mesa, para recordarnos la idea de la muerte, la destrucción y los sacrificios humanos que el sistema bélico o el político exige. (Nada cambia y todo huele a rabiosa actualidad).
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