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Opinión | Zamoreando

Terrorismo medioambiental

"Con los saboteadores, con los terroristas medioambientales no hay que tener consideración alguna"

Territorio calcinado por el incendio de Fermoselle

Territorio calcinado por el incendio de Fermoselle / José Luis Fernández

Lo apuntaba con acierto el alcalde de Fermoselle, José Manuel Pilo, el origen del fuego que asoló la localidad apenas hace unos días, fue de origen intencionado. No hay quien me lo quiete de la cabeza. Los pirómanos son seres reales y con muy mala leche. Saben lo que hacen y sobre ellos, una vez pillados, debe caer todo el peso de la Justicia. Porque los incendiarios forestales destruyen la biodiversidad, arrasan comunidades y ponen en riesgo vidas humanas por pura negligencia o crueldad premeditada.

Este delito ecológico exige una respuesta implacable del Estado: desde penas de prisión reales y sin beneficios penitenciarios hasta la inhabilitación absoluta de por vida para cualquier labor relacionada con el monte, el medio ambiente o la gestión pública, además de la incautación total de bienes para costear la reforestación. Sólo así se puede poner coto a la crueldad de estos nerones. Delincuentes que queman el monte para especular con suelo, obtener pastos para ganado, cazar de forma ilegal o por venganzas personales.

Las penas deben ser severas y de cumplimiento íntegro obligatorio. La cárcel no se debe cambiar por multas que los criminales ricos o las grandes haciendas pueden pagar sin sufrir.

Las regiones rurales necesitan más agentes forestales, cámaras térmicas y patrullas nocturnas en verano para atrapar a los criminales en el acto. Zamora se desangra cada verano bajo el fuego provocado, una agresión criminal que exige el fin de la impunidad y castigos penales y económicos implacables. El terrorismo medioambiental que golpea a nuestra provincia, con la cicatriz imborrable de la Sierra de la Culebra como trágico recordatorio, no es fruto de la casualidad, sino de manos criminales y negligencias políticas intolerables. Quien prende el monte en Zamora no solo quema árboles; destruye el patrimonio de nuestros pueblos, aniquila la biodiversidad, arruina la economía rural y perpetra un ataque directo contra la vida humana.

Con los saboteadores, con los terroristas medioambientales no hay que tener consideración alguna. Y que no vengan con el consabido rollo de que son enfermos mentales. Son gente mala por naturaleza, que es algo bien distinto. Cuando pillen, que lo harán, a los que quemaron Fermoselle y buena parte de la hermosa Sayago, que los castiguen sin contemplaciones. El alcalde fermosellano tiene más razón que un santo. Los terroristas medioambientales existen.

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