Opinión | Zamoreando
No me gusta Infantino
El derrumbe de su proyecto estrella, la filial corporativa FIFA Forward Enterprise, ha destruido el mito de su infalibilidad comercial.

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, en el Mundial 2026. / Europa Press/Contacto/Heuler Andley / Diaesportivo
Ni a la mayoría de futboleros y futbolistas que en el mundo son, si exceptuamos a la Selección argentina y al propio Messi. Basta con lo visto y ocurrido durante el último Mundial. Gianni Infantino es el todopoderoso presidente de la FIFA, organizadora del Mundial entre otros eventos. Este suizo, que no está para comérselo, enfrenta el desplome de su hegemonía absolutista ante el 77.º Congreso de la FIFA. El evento, programado para el 18 de marzo de 2027 en la capital de Marruecos, se proyectaba como un paseo triunfal para ratificar su cuarto mandato, blindado por más de 200 cartas de apoyo sumiso.
Sin embargo, la estrepitosa caída de su plan de privatización del fútbol y una ola de acusaciones que rozan el chantaje político han transformado la cita marroquí en el escenario idóneo para su funeral electoral. El país alauita se ha convertido en el búnker de este autócrata hoy acorralado. La elección de Rabat como sede electoral no es una casualidad organizativa, sino un repliegue estratégico. Al mudar el congreso al norte de África, Infantino busca el amparo del bloque de votos que tradicionalmente ha sostenido su maquinaria burocrática.
Ante el vacío político en Europa, el mandatario se aferra a un territorio donde la chequera y las promesas de influencia cotizan al alza. La entrega de la final del Mundial 2030 emerge como el gran chantaje implícito para comprar la lealtad marroquí frente al Bernabéu. La cita de 2027 ya no representa la democracia del fútbol, sino un intento desesperado de contención ante una crisis reputacional inédita.
El derrumbe de su proyecto estrella, la filial corporativa FIFA Forward Enterprise, ha destruido el mito de su infalibilidad comercial. Intentar subastar el Mundial a fondos de inversión privados por 20.000 millones de dólares sin consultar a los actores del juego desató una rebelión sin precedentes. Las confederaciones mayoritarias tildaron el plan de opaco, amenazando con un boicot total a las competiciones si el fútbol pasaba a manos de Wall Street. A pesar de su forzada rectificación, la UEFA mantiene activos los mecanismos legales por la falta de transparencia en la gestión de los fondos.
Lo realmente importante es que, por fin, hay alternativas a Infantino para la presidencia de la FIFA que pueden acabar con su peculiar hegemonía. El escándalo por la intención de privatizar el Mundial ha despertado a la oposición.
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