Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Buena jera

Verano ABC: abuelos, bicis, correr

Y los niños juegan y disfrutan por las calles de los pueblos sin ver ni corderos ni terneros ni mucho menos burros o mulas. Caballos, sí, convertidos en artículos de lujo para la caza y los encierros camperos. Ahora, siglo XXI, los chavales se mueven en un ABC que resume su actividad vacacional.

Abuelos y niños en bicicleta en los pueblos

Abuelos y niños en bicicleta en los pueblos / Imagen creada con Inteligencia Artificial

Agosto suele ser la exaltación del verano, aunque en 2026 julio parece haberle ganado en calores. Pese a este detalle, agosto triunfa casi siempre como mes de vacaciones, descanso, fiestas, reencuentros, añoranzas y cambio en las rutinas de los otros once. Claro que agosto ya no es lo era. La sociedad y la vida han cambiado tanto que parece imposible que aquellos años pasados discurrieran en el mismo espacio temporal que los actuales. Llegábamos los "estudiantes" a casa y, salvo algunas, pocas, excepciones, al día siguiente ya andábamos trabajando en el campo, en las eras, en lo que se dignaran mandar nuestros mayores. Las vacaciones equivalían a tornaderas, ganchos, hoces, gavillas, parvas, trilla, acarreo… No, no exagero; muchos saben de lo que hablo. A los pueblos llegaban pocos forasteros, los veraneantes. La mayoría descendía de la localidad y residía en casa de los abuelos. También acompañaban en las tareas agrícolas, aunque sin tanta obligación ni dedicación. A los pequeños les gustaba subirse al trillo y, junto a los abuelos o tíos, dar vueltas y vueltas a la parva, a veces extasiados del paso o trote de las mulas y de los ruidos vibrantes de la tralla. También, si les dejaban, les gustaba subirse a la cambiza. Se sentían importantes. Y se familiarizaban enseguida con las costumbres y con el ganado, ese que no veían en las ciudades de las que procedían. Ovejas, cabras, vacas, marranos, perros, gallinas, patos… Era otro mundo. El mundo que descubrían. El mundo que fue de sus padres, ahora instalados fuera, y que seguía siendo el de sus abuelos.

Aquello pasó a mejor vida. Casi ninguna de esas tareas se realiza hoy. Los sudores, esfuerzos de sol a sol y madrugones han sido sustituidos por horas de cosechadora y remolques o camiones para llevar el grano a los almacenes. Los veraneantes se han quedado sin espectáculo y sin poder echar una mano. Y los niños juegan y disfrutan por las calles de los pueblos sin ver ni corderos ni terneros ni mucho menos burros o mulas. Caballos, sí, convertidos en artículos de lujo para la caza y los encierros camperos. Ahora, siglo XXI, los chavales se mueven en un ABC que resume su actividad vacacional.

A: abuelos. Esto, en realidad, no ha cambiado en exceso. Los abuelos, si conservan la salud, suelen ser el soporte de los críos que aterrizan por la localidad. Ya no los llevan a la era ni les enseñan los oficios agrícolas y ganaderos, pero continúan prestándoles-¡qué remedio!- atención. Algunos, incluso, han tenido que aprenderse nombres como Aitor o Jordi porque los muchachos vienen de donde vienen y les han bautizado así. Lo que no acaban de asimilar bien los abuelos es que sus nietos se agarren al móvil y no lo suelten ni cuando comen. Y lo de contarles anécdotas y cosas de antaño es casi como hablarles en chino.

B: bicis. En muchos pueblos, en verano, tendrían que contratar guardias de circulación (aunque fuese a tiempo parcial) para regular la catropea de bicicletas que aparecen por esquinas, calles, plazas y caminos. Una plaga. Se entiende. En las ciudades no pueden usarlas, así que, en cuanto llegan al gachi, se toman la revancha. Y no son bicis cualquiera, no, cada vez son más modernas, más sofisticadas, más epatantes. ¿Dónde pasan el resto del año? Siempre me pareció un misterio insondable. No me imagino yo a los niños que veo a diario por mi pueblo andar en manada por Alcorcón, Baracaldo o Santa Coloma de Gramanet. Las bicis, como el jamón casero antaño, solo para las grandes ocasiones.

C: Correr. Está directamente relacionado con lo anterior. No se concibe un verano, un agosto, si ver bandadas de críos corriendo por doquier. ¿En bici? Pues en bici. ¿Tras un balón? Pues a emular a Cucurella. Decía hace poco el cantante Manolo García que recordaba con mucho cariño sus veranos en Albacete, en el pueblo de sus padres. Y que aquello se resumía en una palabra: libertad. Y también en descubrir la vida. Ese es el ABC de agosto. Que dure.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents