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Opinión | Siete días y un deseo

¿Usted sabe lo que se cuece en casa?

El principio de rendición de cuentas es sagrado y no debería admitir excepciones. Sin él, la confianza ciudadana se resquebraja y la democracia pierde una parte esencial de su legitimidad. Porque gobernar no consiste solo en mandar: también significa responder.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, atiende a los medios durante una visita a municipios e instalaciones afectadas por los incendios en la Sierra Oeste

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, atiende a los medios durante una visita a municipios e instalaciones afectadas por los incendios en la Sierra Oeste / Mateo Lanzuela - Europa Press

Imagino que responderá que sí, sobre todo si está al frente de alguno de los cerca de 19,8 millones de hogares que hay en España, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Y si responde que no, entonces —espero que sea indulgente y no se enfade conmigo— tiene un problema muy serio. Porque desconocer lo que se cuece entre las cuatro paredes de una casa puede deberse a muchos factores: falta de comunicación, aislamiento social o una desconexión profunda de la convivencia. También puede reflejar dejadez en el cuidado del hogar, del aspecto personal o de las responsabilidades cotidianas. Y si pasa el tiempo sin enterarse de nada, es posible que algún vecino o, tal vez, alguien con sentido común le diga que usted es un incompetente. Y, claro, escuchar algo de tanta miga tiene que sentar mal, muy mal.

Ese fue el argumento que planteó el jefe de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, ante el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en una de las sesiones de control del Congreso de los Diputados a raíz del denominado caso Ábalos y de las investigaciones que también afectan a Santos Cerdán: "Señor P. S., si lo sabía todo, tendrá que dimitir por corrupción; y si no lo sabía, tendrá que dimitir por incompetente". Y yo pregunto en voz alta: "¿Qué le dirá ahora Feijóo a la presidenta de la Comunidad de Madrid, la señora Ayuso, que ha asegurado no tener la menor idea del famoso ático de lujo en Chamberí adquirido por su Gobierno por 6,3 millones de euros? ¿Le llamará la atención sin que usted y yo lo sepamos o este asunto quedará simplemente en una anécdota?".

No sé qué pensará, estimado lector, pero a mí me huele muy mal lo de Ábalos, Cerdán y compañía y, ahora, también lo del ático de lujo que, según ha explicado Ayuso, iba a destinarse a su despacho mientras realizaban unas obras en la sede del Gobierno regional. Si realmente era así, surge una pregunta inevitable: "¿Y usted no estaba enterada? ¿Le iban a trasladar su despacho a otro barrio emblemático y no sabía nada?". Señora Ayuso, esa explicación no resulta creíble. O quizá veo fantasmas, como ha insinuado su consejero de Presidencia, Justicia y Administración Local, a quien ha encomendado dar explicaciones sobre este asunto por ser el responsable de la empresa pública Planifica Madrid, encargada de gestionar las principales obras e infraestructuras de la Comunidad de Madrid.

Ya ven cómo está el panorama. Da la impresión de que nos gobiernan responsables que no se enteran de casi nada. El presidente del Gobierno desconocía lo que se estaba cociendo en su entorno y la presidenta de la Comunidad de Madrid, otro tanto. Lo grave no es que desconozcan lo que se cuece a su alrededor, sino las explicaciones tan extrañas que ofrecen. Echan balones fuera, como si la política fuera un partido de fútbol. Y no: siempre hay que dar la cara ante la ciudadanía, con argumentos y justificaciones creíbles. Quien haya desempeñado alguna responsabilidad de gestión, ya sea en una organización pública o privada, sabe que lo mínimo exigible a quien la dirige es estar informado y, cuando sea necesario, ofrecer explicaciones verosímiles a la ciudadanía que sostiene con sus impuestos las instituciones.

El principio de rendición de cuentas es sagrado y no debería admitir excepciones. Sin él, la confianza ciudadana se resquebraja y la democracia pierde una parte esencial de su legitimidad. Porque gobernar no consiste solo en mandar: también significa responder.

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