Opinión | Escalera hacia el cielo
Roma no paga a pastores
Es una cuestión de dinero. Siempre se trata de lo mismo, del poderoso caballero. Nunca se piensa en la opción más conveniente para la ciudadanía. Como tampoco se pone a trabajar la cabeciña para que callen las tripas y hablen el raciocinio y el sentido común. Para qué.

Pastores trashumantes alistanos / Araceli Saavedra
Es una cuestión de dinero. Siempre se trata de lo mismo, del poderoso caballero. Nunca se piensa en la opción más conveniente para la ciudadanía. Como tampoco se pone a trabajar la cabeciña para que callen las tripas y hablen el raciocinio y el sentido común. Para qué.
Lo único que importa es cuánto más se puede recortar en la partida presupuestaria destinada a la prevención de incendios para destinarla a contratar a dedo a más directores generales del cambio climático y a más asesores y adjuntos al vicesecretario generalísimo del desarrollo sostenible.
Dinero manda. Por eso es sólo por lo que los políticos se dignan a mencionar la ganaría extensiva. Porque los rebaños de ovejas y cabras apagan fuegos durante todo el año gratis, mientras que, a los brigadistas, bomberos forestales y a los maniquíes de la UME hay que adjudicarles una soldada.
Si de verdad quisieran acabar con la plaga bíblica del fuego lo tendrían muy fácil.
Tan sencillo como pagar a los pastores y cabreros por lo que valen. Por la labor que realizan de manera altruista: desbrozando, aplastando, pisoteando, esquilmando, arrasando el terreno con sus bajitos caballos de Atila que comen por acá y cagan por acullá. De ahí lo de que la oveja vale más por lo que caga que por lo que come. Además de esparciendo semillas a lo loco, regenerando suelos y favoreciendo la biodiversidad.
Pagar a los pastores y cabreros por ser los mejores ecologistas sin chapa de Greenpeace en el mono azul y sin zurrón de cáñamo con almuerzo veggie. Pagarles por un beneficio que repercute en todos. Y sin PAC, que no es más que el negocio de unos pocos a costa de los impuestos de todos. Sin ese pago único multiplicado por la derivada del número de ovejas más la raíz cuadrada de las UGMs dividida por X menos los derechos de las hembras reproductoras cuando X es el número de hectáreas de rastrojeras aprovechables y tiende a cero.
Tan simple como poner al frente del ministerio más importante, el de las cosas del comer, no al primer memo que se saque el carné del partido verde en el stand de VOX instalado en el ayuntamiento el día que toca mercadillo o verbena popular, sino a alguien que entienda del tema al menos más que yo de leer patrones de una revista Burda.
No sólo no se paga a los pastores por el beneficio y la utilidad de sus rebaños, sino que, para mayor gloria del ministerio y las consejerías del ramo, España aumenta su compra al resto de países europeos de quesos industriales en cantidades monstruosas. Para terminar de rematar a un sector que aguanta porque trabaja con los mejores compañeros en la oficina más bonita del mundo y porque cree en lo que hace. Y la fe mueve montañas, que se lo pregunten si no a Mateo 17:20.
Como estoy jarta de aguantar tanta hipocresía, los pastores sólo servimos en campaña electoral para la consabida foto con el borreguito de Norit, y de tanto mentar a la merina para nada, este año he decidido boicotear Fromago porque sí. Igual que los woke boicotean a Israel y los argentinos a Rosalía.
Como dirían los hermanos portugueses, hermanados en territorio, clima y en la lacra del fuego: que se lixe Fromago ¡ No pienso ir ni aunque resuciten retransmitido por streaming a la oveja Dolly con magia negra y el circo quesero se convierta en la nueva novela de Stephen King!
Soy una quesera irredimible y voy a seguir comprando queso a los maestros queseros artesanos hasta que el planeta diga basta y nos mande a todos pa´l carajo. Soy una quesera pertinaz que no consiente en jalear, hacer palmas y reír las gracias a quienes maniobran para acabar con el sector, al tiempo que salen en los telediarios jurando que lo promocionan.
Si para cuando el Ayuntamiento de Villalpando inaugure ese Centro de Interpretación del Ovino, que tiene planeado construir en el mega área de servicio de la A-6 que ya está en obras, no quedan ovejas ni pastores, ni leche ni queso, siempre se podrá recurrir a un holograma, a la mascota Fromaja o al perro robótico con un vellón por encima.
Y a una instalación artística de una tele con todos los episodios de Heidi non stop.
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