Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

Hambre y sueños sin fronteras

En vez de llorar por los ahogados en las costas de África. En lugar de entonar un réquiem cristiano y europeo por ahogar los sueños de una vida digna en la ciudad española de Ceuta y más allá, en la próspera Europa, los partidos políticos de España y de Europa se han dedicado a buscar responsabilidades por no haber evitado la avalancha de personas que llegaron por mar.

Varias personas en la playa del Trampolín, a 5 de agosto de 2026, en Ceuta (España).

Varias personas en la playa del Trampolín, a 5 de agosto de 2026, en Ceuta (España). / Gabriela Sardá Núñez - Europa Press

Si los incendios de este y otros veranos han demostrado que el fuego no tiene fronteras en la tierra, los sucesos de Ceuta en los que miles de personas han llegado a nado a esta ciudad española y europea en consecuencia, aunque geográficamente en África, demuestran que tampoco hay fronteras en el mar.

El mismo mar sin fronteras que ha permitido que lleguen a Ceuta más de sesenta mil seres humanos, y en el que se han sumado de momento 141 ahogados, que se han podido contar porque el mar ha acercado sus cuerpos a la costa o los ha arrastrado sus hasta la playa como si hubieran conseguido su objetivo: demostrar que no hay fronteras para el hambre, para el miedo o para los sueños.

La misma playa donde se apilaban hace unos días miles de personas que llegaron vivos como si hubieran conseguido el mismo objetivo: huir del hambre, del miedo y de la pobreza sin fronteras... para ser expulsados por la fuerza o derrotados por la desesperanza unos días después, atravesando la frontera que no reconoce el viento en el aire, que no pisa los pasos descalzos en la tierra, que burla el agua en el mar para llevar a los niños y sus padres ahogados por el agua o por el llanto hasta la playa. Una frontera que, como las brujas, no existe, pero haberla hayla.

En vez de llorar por los ahogados en las costas de África. En lugar de entonar un réquiem cristiano y europeo por ahogar los sueños de una vida digna en la ciudad española de Ceuta y más allá, en la próspera Europa, los partidos políticos de España y de Europa se han dedicado a buscar responsabilidades por no haber evitado la avalancha de personas que llegaron por mar.

La derecha y ultraderecha católica, apostólica y romana (la italiana Meloni) española y europea, en lugar de leer el evangelio o escuchar la voz del Papa para mostrar su misericordia, se dedicaron a decir que nos invadían los moros debido al "efecto llamada" del gobierno actual, por haber dado papeles a los inmigrantes recientemente, o porque los tribunales españoles -a veces los jueces aciertan como cuando protegen los derechos humanos de los que llegan en pateras- prohibían las devoluciones rápidas o en caliente en la frontera de los inmigrantes que llegan por mar.

Curiosamente a nadie de los que hablan del "efecto llamada" del Gobierno de España se le ha ocurrido pensar que entre los hechos que pueden atraer inmigrantes es conocer el trasiego de áticos que una dirigente de la derecha se trae, como si en la Comunidad de Madrid se ataran los pisos con longanizas en lugar de tener verdaderos problemas de vivienda. Por cierto, especular con el dinero público comprando un ático y vendiéndolo inmediatamente con beneficios para financiar necesidades sociales como ayudas a los afectados por incendios, es algo tan innovador que merece ser copiado por todas las instituciones, aunque aumente el precio de la vivienda y deje a la gente en la calle.

En ámbitos internacionales, en el continente africano y americano, se apuntaba por parte de la izquierda europea -con el respeto debido a los dueños del cotarro mundial- a una alianza tácita entre el rey musulmán de Marruecos que querría incorporar Ceuta, Melilla y Canarias -como hizo con el Sahara- a África, o sea, para el reino alauita, y el presidente semicristiano de los Estados Unidos que se la ha jurado al español porque no le ha dejado usar las bases americanas para bombardear Irán en pecado político, sin acuerdo de la ONU.

Poco sabían unos y otros que el verdadero "efecto llamada" que lleva a miles de personas a arriesgar su vida y la de sus hijos en el mar no es otro que el desesperado hambre sin fronteras y los sueños de una vida mejor, sin fronteras también.

Ahora sospechamos todos que hay otro "efecto llamada" que, en las redes sociales y a través de las mafias no identificadas, lanza mensajes falsos de paraísos inexistentes para utilizar a miles de seres humanos para sus intereses geoestratégicos. Como en el caso de Marruecos, apoyado por los delirios de poder de un presidente que expulsa los inmigrantes y no duda en disparar a los que pretenden pasar la frontera de su país -que haberla hayla de viejos revólveres y drones innovadores- para comer, trabajar y tener una vida mejor.

Miles de personas arriesgando su vida y la de sus hijos, y cientos de muertos, arrojados unos y otros a las playas de Ceuta han sido utilizados como carne de cañón para defender intereses estratégicos, y como arma arrojadiza para rentabilizar intereses políticos.

Miles de personas arriesgando su vida y la de sus hijos, y cientos de muertos, arrojados unos y otros a las puertas de Europa; también han demostrado que el hambre y los sueños no tienen fronteras. Tampoco la pobreza, como no tiene fronteras el capital.

Para todos ellos, un poema que mi abuela atribuía a mi abuelo desde la cárcel a modo de Réquiem y de agradecimiento: "Ponle barreras al viento y ponle diques al mar. Pon cadena al pensamiento... y en pedazos saltará. Ni al pensar, ni al mar, ni al viento se les puede dominar".

A todos ellos, como ha hecho la población de Ceuta diciendo "esto es Ceuta, no Torrepacheco", les decimos que esta ciudad que lleva en su nombre la palabra amor, Z-amor-a, también lleva la palabra mora: esto es Za-Mora, con todo el amor a los que luchan por mundos sin fronteras.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents