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Opinión | Desde Los Tres Árboles

Frente a los tapices de la catedral (II)

La catedral de Zamora conserva una colección de 20 tapices tejidos en talleres flamencos durante los siglos XV, XVI y XVII. Dividida en series, consta de 20 ejemplares de los cuales cuatro corresponden a la Guerra de Troya.

Frente a los tapices de la Catedral (I)

Frente a los tapices de la Catedral (I) / Cedida

La catedral de Zamora conserva una colección de 20 tapices tejidos en talleres flamencos durante los siglos XV, XVI y XVII. Dividida en series, consta de 20 ejemplares de los cuales cuatro corresponden a la Guerra de Troya. Me detendré en estos, tiempo habrá para el resto...

Deleitaos con la contemplación de las sergas de Aquiles, el de los pies ligeros, y de las del príncipe Héctor, que con tanto acierto defendió la ciudad de las hostilidades de los aqueos. Del soberbio Agamenón, de Paris y Menelao. Del astuto Ulises, artífice de la estratagema que abrió las infranqueables murallas. De Ayax, Néstor, Troilo, Pirro y cuantos se vieron envueltos en la pelea por culpa de la brutal belleza de la hija de Zeus.

Allá por el siglo XV, los maestros flamencos bordaron primorosamente la increíble proeza con seda coloreada de esmeraldinos tonos verdes y con lana teñida de hiriente púrpura y color oro topacio. Es un relato historiado en el que la sangre son hilos bermellones que salen de los cuerpos mutilados y la aurora un manto azafranado sobre el horizonte azul turquesa. Plata y azabache son las noches estrelladas. Verde musgo, la madera de los lanzas. Amatista, las miradas.

Las viñetas, secuencialmente dispuestas en el museo catedralicio zamorano, explican con claridad el acontecimiento. Son de lectura fácil y con grandes letras bordadas en los costados y en las partes superior e inferior por si alguna duda hubiera.

Sus hilachas apenas amarillean y con el tiempo han ido adquiriendo un suave tono marfileño que acrecienta, si cabe, la suntuosidad con la que narran aquella increíble gesta cantada por Homero en la que dioses y hombres compartieron intrigas y pasiones durante diez largos años en torno a las murallas troyanas.

Ese que ahí veis de larga barba es Príamo, rey de Troya. Lo reconoceréis por su turbante regio y por el cetro que sostiene su mano. ¡El anciano aún no sabe que ha de ver morir a sus innumerables hijos! ... Ved la atención con la que escucha el plan para rescatar a su hermana y cómo, oyendo a Paris, la euforia se desata entre los troyanos. Sin embargo, no todos se entusiasman.

Tras una reja, la profetisa Casandra vaticina terribles males. Troya será incendiada, dice con grandes voces, y sus cimientos arrancados. Las mujeres, violadas y acuchilladas. Los hombres y los niños, degollados y abandonados en los campos para alimento de alimañas y pasto de aves. Grita con rabia. Furibunda, insiste hasta la extenuación en los augurios pero sus palabras proféticas las lleva el viento. Nadie la escucha. ¿Por qué habrían de hacerlo, si es la loca que tuvo el atrevimiento de rechazar a Apolo? No accedió a yacer con él y el vengativo dios la castigó de un modo cruel sin retirarle el don de la profecía. ¡En el colmo de la venganza la maldijo de forma que nadie creyese sus vaticinios!

Ved cómo preparan la flota los troyanos. ¡Ya están las tropas a bordo y las proas rumbo a Esparta! Capitaneadas por Paris saquean el templo de Venus y raptan a la bella Helena, esposa de Menelao... La acción coge a los aqueos por sorpresa. El éxito es total.

¡Sólo Casandra sabe que es el principio de la destrucción de Troya!.

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