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Opinión | Zamoreando

La soledad del uniforme

Ceuta está pagando el precio más alto de una política basada en el apaciguamiento y la propaganda.

Varias personas esperan a las puertas del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) en Ceuta.

Varias personas esperan a las puertas del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) en Ceuta. / Jesús Torres / Europa Press

Ceuta está pagando el precio más alto de una política basada en el apaciguamiento y la propaganda. Un país que no es capaz de asegurar la integridad de sus fronteras, que abandona a sus Fuerzas de Seguridad a los pies de los caballos y que despierta la ira y la desconfianza de sus socios europeos, camina con paso firme hacia la irrelevancia internacional y la quiebra de la seguridad ciudadana. La pasividad en el Tarajal ya no es una opción; es una capitulación en diferido.

La profunda brecha entre los escasos recursos de los guardias civiles que resisten en la frontera de El Tarajal y el colosal despliegue de seguridad que rodea al presidente del Gobierno evidencia una preocupante disparidad de prioridades institucionales en momentos de crisis. Los agentes de la Guardia Civil y de la Policía Nacional destinados en los límites fronterizos afrontan una presión desmedida con plantillas mermadas y una evidente falta de medios materiales.

Durante las recientes avalanchas y entradas masivas a nado en Ceuta, donde miles de personas han rebasado los diques y arenales, los funcionarios se han visto solos frente al caos. En este escenario de tensión extrema, los efectivos disponibles denuncian una soledad absoluta en el terreno, donde deben contener a multitudes sin el respaldo suficiente de refuerzos rápidos.

Esta situación no solo pone en riesgo la integridad física de los servidores públicos, sino que expone la fragilidad de los perímetros de seguridad más sensibles del Estado frente a la inacción o pasividad de las autoridades del país vecino. Frente a la escasez de personal en las líneas de separación territorial, el despliegue logístico y de escoltas que protege a Pedro Sánchez en sus desplazamientos vacacionales o institucionales, como en Lanzarote, opera con una precisión y un volumen de efectivos sobredimensionados.

Mientras el perímetro fronterizo sufre de una evidente precariedad operativa que obliga a improvisar respuestas de emergencia, los operativos de seguridad del presidente movilizan una gran cantidad de recursos especializados, vehículos y personal de apoyo exclusivo. Esta dualidad genera un profundo malestar en las asociaciones profesionales de las fuerzas de seguridad. Para los agentes, resulta incomprensible que los recintos del poder disfruten de una burbuja de protección inquebrantable mientras la frontera exterior, que define la soberanía y la seguridad nacional, carece del personal necesario para garantizar un control efectivo y digno. 42 antidisturbios en Ceuta frente a 60 agentes blindando las vacaciones presidenciales.

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