Opinión | Zamoreando
Crónica de una frontera desmantelada
"La pasividad intermitente de las fuerzas de seguridad marroquíes vuelve a destapar la cruda realidad de las relaciones bilaterales"

Multitud de personas se concentran en la parte marroquí de la playa del Tarajal para intentar acceder a Ceuta. EFE / Reduan / REDUAN / EFE
La Frontera Sur de Europa se desmorona entre la inacción de Moncloa, la desesperación de unas Fuerzas de Seguridad desbordadas y la indignación de unos socios comunitarios que asisten atónitos al colapso del flanco mediterráneo. Ceuta ya no es solo una ciudad autónoma; es el síntoma definitivo de un Estado que ha renunciado a ejercer su propia soberanía. Las demoledoras imágenes de los últimos días en el espigón de El Tarajal y Benzú, con decenas de miles de personas cruzando a nado de forma descontrolada ante la pasividad de Rabat, no representan una crisis migratoria ordinaria: constituyen un asalto coordinado a los límites fronterizos de la Unión Europea y la constatación del fracaso absoluto de la política exterior española. Con estimaciones policiales que sitúan la última oleada en torno a los 50.000 ingresos irregulares, una cifra que pulveriza en pocos días el cómputo de todo el año anterior a nivel nacional, la respuesta institucional de Madrid no ha sido la firmeza, sino la parálisis burocrática y el repliegue moral.
Mientras el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) colapsa por encima de sus límites, los sindicatos policiales y las asociaciones de la Guardia Civil denuncian una desprotección histórica. La indignación ya no se circunscribe a las calles de Ceuta, donde el comercio local baja la persiana bajo un clima de honda preocupación ciudadana; ha saltado directamente a las cancillerías de una Europa que contempla con estupor cómo el Gobierno de España convierte Schengen en un coladero impracticable.
Lo vivido en el litoral ceutí evoca los peores fantasmas de la crisis de 2021, pero con un agravante técnico y logístico alarmante. La masa humana que sortea el espigón fronterizo a nado y a pie no responde a un fenómeno espontáneo, sino a convocatorias masivas y premeditadas en redes sociales a la vista de los servicios de inteligencia. La marea diaria de miles de personas, copada de forma abrumadora por varones jóvenes en edad militar, ha colapsado las infraestructuras de la ciudad autónoma, dejando los centros de acogida de menores saturados a niveles inverosímiles.
La pasividad intermitente de las fuerzas de seguridad marroquíes vuelve a destapar la cruda realidad de las relaciones bilaterales: el control migratorio se utiliza de forma recurrente por parte de Rabat como un grifo geopolítico que se abre o se cierra en función de contrapartidas financieras o concesiones diplomáticas. España cede, paga y calla, mientras el perímetro fronterizo es rebasado sistemáticamente ante la mirada atónita del mundo.
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