Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | ZAMOREANDO

Código marrón

OPINIÓN | ¿Cuánto cloro es suficiente para olvidar que nadaste junto a un meteorito orgánico?

El vaso infantil de la piscina Sindical, cerrado al público este miércoles por un nuevo caso de defecación.

El vaso infantil de la piscina Sindical, cerrado al público este miércoles por un nuevo caso de defecación. / J. N.

El ser humano ha conquistado el espacio, ha descifrado el genoma y es capaz de videollamar a la otra punta del planeta en alta definición. Sin embargo, toda esa majestuosidad civilizatoria se desmorona en un segundo cuando un socorrista sopla su silbato con la furia de un profeta del apocalipsis y grita las palabras malditas: "¡Todos fuera del agua!". No hay tiburones en la piscina municipal de Zamora, ni se avista un tsunami en el lago de Sanabria. El motivo de la evacuación masiva es un objeto flotante no identificado. Un submarino marrón y solitario que desafía las leyes de la física y de la decencia. Alguien ha cometido el crimen supremo del verano: defecar en el agua. Zamora contabiliza cinco incidentes por esta causa en lo que va de temporada.

Lo fascinante de este fenómeno no es el acto en sí, la biología es terca, sino la sociología que lo rodea. Nadie ve nada. Nadie sabe nada. El culpable nunca es un adulto con remordimientos; siempre se culpa a un "pobre bebé despistado" o a un "pañal defectuoso". Pero el tamaño del sospechoso a menudo contradice la teoría infantil. Se activa entonces el protocolo de guerra química. El socorrista, cuyo contrato estival prometía bronceado y flirteos, asume la mirada de un veterano de Vietnam. Armado con una red de malla fina y una dignidad bajo mínimos, procede a la extracción. Detrás de él, el encargado del mantenimiento vierte tal cantidad de cloro que el agua pasa de azul turquesa a un verde radioactivo capaz de disolver un neumático.

El verdadero espectáculo ocurre fuera del vaso. Ochenta bañistas, apiñados en el césped caluroso, observan el agua con la desconfianza de quien mira un reactor nuclear con fugas. El trauma es colectivo. ¿Cuánto cloro es suficiente para olvidar que nadaste junto a un meteorito orgánico? La ciencia dice veinticuatro horas; la mente humana dice que nunca. La piscina es el último bastión del civismo veraniego. Compartimos espacio, salpicaduras y protectores solares. Por favor, mantengamos el pacto social intacto. Si la naturaleza llama con urgencia, las baldosas del baño están a escasos metros. No convirtamos el oasis del barrio en una ruleta rusa digestiva.

La física del desastre, el protocolo de exclusión y la psicología del intruso marcan este inusual fenómeno acuático.

Suscríbete para seguir leyendo

TEMAS

Tracking Pixel Contents