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Opinión | Al grano

Zamora, con el culo prieto

La provincia tiembla ante los incendios de Madrid, Ávila y Castilla-La Mancha. No habrá pacto de Estado porque falta empatía y sobra ideología

Una persona trabaja en las labores de extinción del incendio forestal en La Adrada (Ávila).

Una persona trabaja en las labores de extinción del incendio forestal en La Adrada (Ávila). / César Vallejo Rodríguez - Europa Press

Está Zamora con el culo prieto mirando de reojo (y temblando) los incendios de Madrid, Ávila y Castilla-La Mancha. No queremos ni mentarlos aquí no siendo que ocurra como cuando se habla de la bicha, que irrumpe con cuernos y larga cola. Si alguien sabe de fuegos sin control, esa es esta provincia, que fue vista y no vista la desaparición de buena parte de la Sierra de la Culebra sin que apenas el Estado se enterara. Es lo que tiene ser invisible, que uno se va de casa y nadie se da cuenta. Zamora lleva años en lo más alto de la lista que contabiliza el número de incendios forestales en España y nadie por debajo de la Sierra de Guadarrama se ha llevado las manos a la cabeza (pocos, también es verdad, por encima).

No habrá pacto de Estado contra la emergencia climática porque el partido que lo propugna y el que tiene que apoyarlo andan enmarañados con los adjetivos que le cuelgan al cambio atmosférico: son incapaces de ver el problema con los ojos de andar por casa, siempre que miran lo hacen con las gafas de la ideología. Y si la magnitud de los fuegos los obligara alguna vez a sentarse a negociar, no se pondrían de acuerdo ni en un solo punto porque esta cuestión, tan trascendente para la humanidad, está siendo manoseada de forma pornográfica por unos y por otros, ¡dejad que la ciencia sin ideología haga su trabajo!

Luchar contra los fuegos requiere tiempo, mucho, y gente, y no solo especializada. Vuelvo a repetirme: el campo está abandonado, no se limpian cunetas ni eriales, se protege el desamparo, no se realizan quemas controladas en invierno porque están prohibidas, las podas de especies frondosas son casi inexistentes porque necesitan permisos y hay aversión a pasar por las ventanillas oficiales (sean presenciales o digitales). La ganadería extensiva está dando las boqueadas por falta de rentabilidad y relevo generacional... Suma y sigue.

Aquí va lo principal: no queda gente en los pueblos y la que sobrevive está envejecida, cansada y hasta las pelotas de que los que mandan la ninguneen. El medio rural ha perdido su dignidad, no cuenta, sus pocos moradores están en la diana de aquellos que los tildan de zampones de agua dulce, contaminadores y ahora..., provocadores de incendios con sus máquinas.

Los montes para mucha gente que vive junto a ellos no ofrecen beneficios contantes y sonantes. Todo lo contrario, de allí salen los bichos que se comen los cultivos, los que causan accidentes de tráfico. Solo se acabará en parte con el problema de los incendios cuando la sociedad —el Estado en su conjunto— quiera a los dueños de los árboles y a quienes viven en el ámbito rural. Y para eso todavía quedan muchos montes por arder. Ah, y una reordenación territorial pendiente.

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