Opinión | ZAMOREANDO
Ineptitud versus mérito
OPINIÓN | Tantos besos, tantos arrumacos, tantas miraditas embobadas al presi, han tenido por fin su premio

La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, en un acto la semana pasada. / Eduardo Parra - Europa Press / Europa Press
Al otrora delgado territorial de la Junta de Castilla y León, Alberto Castro, un hombre que, lejos de sumar, resta, lo despidieron con honores enviándole a Valladolid vestido de director general como si hubiera hecho algo reseñable por Zamora y los zamoranos a lo largo y ancho de sus muchísimos años al frente de la Delegación. Director General de Minas, de las que sabe más que suficiente, tras haber escarbado durante años en la mina que para él ha supuesto el Partido Popular y sacando más que oro. Su amiga Leticia García, a la que supo camelar, fue su gran valedora con el apoyo de otros. La noticia cayó mal dentro y fuera del Partido Popular. Pues bien
A la todavía vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo del Gobierno de España, Yolanda Díaz, la van a despedir, llegado el momento, enviándola, siempre que resulte elegida, hay por lo menos otra candidatura, a Ginebra con el traje fashion de presidenta de la Organización Internacional de Trabajo, como si a lo largo de su chungo mandato hubiera hecho algo por España y por los españoles que no haya sido contentar a los sindicatos. Su amigo Pedro Sánchez la ha propuesto anunciando su candidatura y mostrándole su apoyo. Tantos besos, tantos arrumacos, tantas miraditas embobadas al presi, han tenido por fin su premio. Sería la primera mujer en dirigir la organización, Dios nos pille confesados. Y eso que ha mejorado su vocabulario y su comprensión oral.
Ésta, como el tal Castro, además de estatus y silla, de la que tengo que hablar más adelante, acepta encantada por otra cuestión que no es nimia. Yolanda, cobraría 173.000 dólares incluyendo 12.000 francos suizos mensuales para vivienda y una asignación anual de representación de 40.000 francos suizos que vienen a ser unos 43.000 euros. De ahí a la jubilación y, hala, a vivir la vida.
Si con el sueldo de ministra se ha permitido vacacionar en un hotel de más de trescientos euros la noche, fíjese como jefa del conocido organismo internacional. Colocar a los torpes, a los que restan, a los vagos y maleantes, a los que ya no aportan nada es una costumbre muy extendida en la política que los ciudadanos deberíamos ayudar a erradicar. Lo que más rabia me da es que los que más valen, los que suman, a los que aportan, a los trabajadores de verdad, se les suele sumir en el olvido. Así es la política.
Esa tendencia de premiar la lealtad ciega o la ineptitud sobre el mérito real se debe a la supervivencia de los aparatos de partido, el miedo al talento independiente y el clientelismo. Los líderes prefieren colaboradores sumisos y mediocres que no desafíen ni amenacen su poder. Se valora más obedecer las directrices de la organización que tener criterio propio o competencia técnica. Los cargos se reparten como pago a favores pasados o para asegurar apoyos futuros, ignorando el esfuerzo profesional.
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