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Opinión

Zamora, en riesgo de convertirse en un parque temático

Y lo que pasa en la capital de Zamora también pasa en la provincia que la sustenta, en la que a medida que se vacía de algo, se crea un centro de interpretación para recrearlo.

Edificios y viviendas del área incluida en el Plan Especial del Casco Histórico de Zamora

Edificios y viviendas del área incluida en el Plan Especial del Casco Histórico de Zamora / Victor Garrido / LZA

Cuando veo las protestas ciudadanas porque en los centros de las grandes urbes desahucian a los vecinos de toda la vida y se dedican edificios enteros a alquilar pisos turísticos, a la vez que se encarece y escasea la vivienda, me pregunto si esto puede pasar también en Zamora, donde sin desahucios el casco histórico lleva vaciándose de vecinos autóctonos desde hace muchos años.

Porque antes de que se aprobara el controvertido Plan Especial del Casco Histórico -al que ahora todos responsabilizan del declive y deterioro de esta zona- sus vecinos y vecinas se habían desplazado a vivir hacia las Tres Cruces y la Avenida, transformándolas en verdadero centro de la vida social y económica de la ciudad.

El Plan con sus medidas de protección del casco histórico no hizo más que consolidar esta tendencia hacia el "ensanche" de los zamoranos, cuando los propietarios de casas de la zona antigua constataron varias circunstancias: que sus propiedades no podían crecer en altura para especular con la construcción de viviendas del futuro; que si se animaban a construir nuevos cimientos sobre los que sustentar nuevos pilares para hacer una nueva vivienda habitual, se encontraban en el subsuelo con el pasado histórico de la ciudad que les obligaba a financiar una excavación arqueológica; que construir o rehabilitar cualquier edificio o instalar cualquier negocio por pequeño que fuera, suponía tener que cumplir cientos de prescripciones para mantener el espíritu de la zona y del plan.

Al final, la zona llena de prescripciones para construir, trabajar y vivir, se fue vaciando de viviendas, negocios, vecinos y vida. Las casas viejas fueron arroñándose sin ser sustituidas por otras nuevas, y se convirtieron en solares. Los solares abandonados por sus dueños se llenaron de maleza. Los negocios cerraron ante la falta de parroquianos... Y el casco histórico de Zamora empezó a parecerse a un mausoleo donde reposan recuerdos del pasado y ululan algunos fantasmas.

Los pocos vecinos que resistieron dentro del cerco, y algunos valientes que se atrevieron a desafiar las prescripciones del Plan, no se han dedicado a especular con sus viviendas para hacer pisos turísticos en la medida que lo han hecho en otras ciudades. Al menos hasta el momento. Tal vez porque no tienen espíritu emprendedor o lo han gastado en resistir contra el viento y la marea de la emigración urbanística a otras zonas. O quizás porque ha sido tal el vaciamiento de servicios y negocios de todo tipo, que ni siquiera suponen atractivo para los turistas y visitantes más allá de la contemplación del patrimonio, puesto que los vemos diariamente deambular para encontrar un bar donde comprar agua, una tienda con productos de la tierra, o un banco donde sacar dinero.

Las administraciones públicas tampoco han colaborado lo suficiente para llenar de vida el mausoleo histórico de Zamora: el Castillo que albergaba la escuela de artes y de idiomas se vació de alumnos que subían y bajaban por las Rúas; el Consejo Consultivo que se construyó para revitalizar el Casco no es más que un cementerio de elefantes políticos, y los esfuerzos del Ayuntamiento por llevar espectáculos culturales hasta la Plaza de la Catedral, el Castillo y las Aceñas choca con la evidencia de que se llena más la plaza del Gobierno (la Constitución) o la Marina (a ver si al menos nos da tiempo a impulsar el nuevo edificio municipal y el Museo de Lobo en la Plaza Mayor ¡y a inaugurar el Mercado de Abastos!, que sufre los mismos problemas que cualquier ciudadano que quiere construir en nuestro especialmente protegido casco histórico).

El Casco Histórico de Zamora perdió la oportunidad de ser objeto de un ARI que subvencionara las edificaciones, manteniendo ese espíritu que no debe perderse a manos de la especulación de los pisos turísticos que llenan de visitantes un lugar a costa de vaciarlo de la vida cotidiana de sus vecinos.

También la Iglesia católica, como gran propietaria de locales y solares del casco, tiene su responsabilidad en el vaciamiento de esta zona. Aunque ahora está reaccionando para revitalizarla cuando los párrocos de las iglesias salen en procesión con los vecinos -como han hecho con la nueva procesión de San Pedro en plenas fiestas patronales- demostrando que siguen vivos, rezando y con el mazo dando. También la Iglesia y el Ayuntamiento han colaborado en la revitalización del casco con la apertura de la calle de la trasera de la Catedral, que permite pasearla alrededor como una nueva rotonda para el tránsito peatonal, y que ha desterrado la palabra "trasera" al baúl de los recuerdos.

El editorial del pasado domingo de este diario daba en la clave cuando decía que "la ciudadanía vivía de espaldas al lugar por donde transitan los turistas", que vienen buscando arte y cultura, pero también servicios, vecinos y vida.

Porque con algunos proyectos imprescindibles para mantener el "espíritu" de esta ciudad como es la promoción del Románico, también se corre otro riesgo: convertir el casco histórico en un parque temático para turistas. Parque temático de la Ciudad Medieval o del Románico -podría denominarse- aprovechando sus iglesias, sus rúas estrechas e irregulares, sus fachadas del mismo color, y alguna tienda de productos zamoranos. Pero sin el alma de sus vecinos.

Y lo que pasa en la capital de Zamora también pasa en la provincia que la sustenta, en la que a medida que se vacía de algo, se crea un centro de interpretación para recrearlo. Si en la ciudad se vacía el casco histórico, se crea un Centro de Interpretación de la Ciudad Medieval, de la misma manera que el Centro del Lobo se ha construido a medida que desciende la población del animal. Si se ha quemado el Parque Natural del Lago de Sanabria, siempre nos quedará su Centro de Interpretación. Y si se arroñan las iglesias de los pueblos vaciados, la diputación estrena unas gafas de realidad virtual para ver el pasado del rico patrimonio de la provincia.

Si se vacía la provincia siempre nos quedará el recurso de interpretarla en centros o de recrearla en parques o museos: parque temático de la Sierra de la Culebra quemada; parque de los campos de cereales okupados por los molinos de viento de los gigantes empresariales, y de los obsoletos huertos desplazados por los modernos huertos solares; museo de la escuela del pueblo que se cierra, del pan que no se amasa y del vino que no tiene quien lo pise en el lagar. Eso sí, todos con apps y con gafas virtuales para ver lo que se ha perdido.

Volviendo a nuestro casco histórico y a los esfuerzos institucionales por llenarlo de cultura y de vecinos y evitar su conversión en parque temático, reivindiquemos: un concierto o una verbena, pero con caña; un paseo con pan y queso; agua y vino para el calor; un cafecito caliente en medio de la niebla, y el calor de los vecinos y vecinas que nos proporcionen también su compañía.

El escenario ya lo tenemos, pero en vez de figurantes contratados en horario de apertura de un parque temático, queremos ser verdaderos actores y actrices del presente y futuro de nuestra y tu ciudad, y de nuestra y tu provincia.

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