Opinión

Poeta
La inviolabilidad de lo público
"Los movimientos de la derecha y ultraderecha en nuestro país atacan el corazón de esta sociedad democrática, tal y como está concebida"

Ilustración 2
Existen ámbitos, territorios de lo público que nuestra sociedad debería exigir estar al margen de la ofensiva de algunos partidos políticos e ideologías que lo que buscan en realidad es socavar el Estado del bienestar, pues tanto esfuerzo ha supuesto por generaciones precedentes. Me estoy refiriendo, prioritariamente, a la Sanidad, la Educación, los Servicios Sociales, el Medio Ambiente, la Cultura, la defensa de colectivos vulnerables como la infancia, las personas mayores, las mujeres en cuanto a la amenaza de la violencia de género, el colectivo LGTB o las personas migrantes, por nombrar algunos de ellos.
La estrategia básica (avalada por los principios de Igualdad y Equidad en nuestra Constitución) defienden tanto a estos grupos sociales como todo lo que tiene que ver con la estructura y andamiaje de esta sociedad libre y heterogénea en la que vivimos.
Los movimientos de la derecha y ultraderecha en nuestro país atacan el corazón de esta sociedad democrática, tal y como está concebida, desde los principios que todos los ciudadanos hemos aceptado a lo largo de esta trayectoria política y social desde la Dictadura de Franco. Aceptar los postulados de estos grupos políticos será consentir la degradación de ese entramado que garantiza tanto los derechos sociales como los individuales y la igualdad ante la Ley. No me cabe ninguna duda de que si estos llegan al poder echarán por tierra todos estos principios.
Los problemas de gestión, las imperfecciones, no pueden en ningún caso justificar una acción depredadora de ese sistema, como está ocurriendo en la Argentina con Milei, por ejemplo. Por no citar, los Estados Unidos, el verdadero embrión de este movimiento global contra los estados esencialmente democráticos. La devastación a la que se ven sometidos por parte de estos dirigentes y sus apoyos en medios de comunicación, judicatura o poderes económicos es el verdadero peligro de las democracias.
El argumento que deja en manos de los mercados, las grandes corporaciones y los lobbies, en definitiva de la selva del capitalismo, es un engaño para la ciudadanía. No podemos olvidar que ellos mismos son el Capital y harán todo lo posible por penetrar dentro, como el caballo de Troya, por engullir el patrimonio de lo público y metabolizarlo en su engranaje implacable. Esto no es una novedad. En esta tesitura los que salen ganando son siempre los más ricos, haciendo que se incremente la desigualdad.
El PP hace décadas, y ahora acompañado de Vox, ha sido y es tenaz en las teorías de la conspiración, del odio, y no eluden, al contrario, se vanaglorian de hacer del caos su bandera. Ayudado, quede claro, también por la corrupción de algunos partidos contrarios como el PSOE.
La ecuación es muy sencilla. Si sumamos todas estas variables, la resolución de estas incógnitas dan como resultado un cóctel donde buena parte de la sociedad se suma a estas tesis reaccionarias y les apoyarán en las urnas de manera incondicional.
A esta circunstancia, no tan novedosa, sí se le añaden algunas cuestiones que caracterizan esta sobreactuación, como es la visceralidad, el individualismo recalcitrante, el odio o la violencia como formas de conducta o el uso de la libertad como concepto exclusivo. Y no olvidemos, también la guerra judicial. Si esto viene canalizado por las redes sociales, como instrumento de ideologización, la defensa de lo público se hace más complicado. Porque es obvio que quien maneja la comunicación tiene el poder absoluto. Y gran parte del tejido comunicativo en el Mundo está en manos de los grandes magnates, amiguísimos de los Trump y el resto de los señores de derecha y ultraderecha.
Y todo este panorama para justificar con urgencia y hacer una llamada desesperada por defender el patrimonio de todos, de lo público. La sociedad civil, de uno Y otro lado, debería poner freno a esta amenaza incipiente y exigir líneas de fuego para proteger la Res Pública, que decían los romanos. El patrimonio más valioso que nos librará del caos y del "sálvese quien pueda".
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