Opinión
¡Pero cómo no vamos a cabrearnos!
"Y, a más a más, las señorías del Congreso y del Senado se han ido dos meses de vacaciones retribuidas, que se suman a las de Navidad, Semana Santa y a todas la fiestas nacionales"

Feijóo da por iniciada la cuenta atrás para el cambio y para reconstruir el país
La gente anda cabreada, y no es para menos. Todos los días suceden cosas que en mayor o menor medida exacerban el ánimo. Algunas de poca importancia, otras de gran trascendencia, pero todas contribuyen a que se afilen las uñas y se pongan los pelos alborotados. Analicemos algunas de ellas.
La figura del "tutor", además de estar asignada a alguien cuya misión es la de orientar a un alumno, también es aplicada a quien representa a una persona jurídicamente incapaz de hacer determinada cosa por sí misma. Al menos es lo que viene a decir, hasta ahora, la RAE. Se trata de un vocablo relacionado con personas.
Pero héteme aquí que el otro día, en el programa de TV "Cifras y Letras", una experta en lengua, colaboradora del programa, conocida en una plataforma social como "Linguriosa", vino a decir, a propósito de las relaciones de las personas con las mascotas (Ya sean éstas gatos, perros u ornitorrincos) que deben ser mantenidas desde el respeto hacia el animal, cosa que nadie puede poner en duda, pero añadiendo también que cuando un tercero haga mención a su "dueño" debe hacerlo denominándolo "tutor"; jamás "dueño" o "propietario", para demostrar el respeto que se le debe al animal.
Pero a la mascota le debe tener sin cuidado el modo en el que los demás puedan dirigirse al responsable de su cuidado y supervivencia, puesto que se supone que lo que verdaderamente le importa es que le cuiden, atiendan y respeten como así viene contemplado en la Ley de Protección Animal. De manera que eso de llamar "tutor" al "dueño" del perro, gato u ornitorrinco, quizás le satisfará mucho a la persona responsable de educarle y atenderle, pero no así al animal en cuestión. De manera que lo de "tutor" no es sino una sutil manera de traspasar el espacio que viene a separar la forma del fondo. De continuar por ese camino, no sería nada descabellado pensar que, en otro momento, a alguien se le ocurra dar otro paso y sugiera dirigirse a las mascotas hablándoles de tu o de usted, según lo que proceda en cada caso.
A propósito de los Mundiales de Fútbol, reseñar que en las transmisiones por TV se escucha la voz en off de una narradora que machaconamente se empeña en sustituir la palabra "balón", de toda la vida, por la de "bola". "Entra la bola, sale la bola, pasa la bola", repite de manera inmisericorde a lo largo de las retransmisiones. Pero se da la circunstancia de que el deporte del fútbol no es cosa de ahora, sino que data del año 1863, o sea, que hasta que a esta periodista se le ha ocurrido llamar al "balón" "bola", ha transcurrido la friolera de 163 años. Por otra parte, la RAE define al "balón" como "pelota grande usada en juegos" y a la "bola" simplemente como "cuerpo esférico de cualquier materia", entre otras acepciones. "Bola" se suele usar para denominar a las usadas para jugar al billar, al golf o a la petanca, por poner por caso. Pero cuando falta imaginación hay a quien no se le ocurre otra cosa que inventar palabras que no hacen ninguna falta, pretendiendo así diferenciarse de los demás.
Si nos remontáramos al nombre primitivo de este deporte que, lógicamente, al haber sido inventado en Inglaterra tiene nombre inglés, lo llamaríamos football (foot: pie y ball: balón). La variante fútbol que usamos nosotros no deja de ser una adaptación fonética de la voz inglesa, que se asemeja bastante a su pronunciación. Por otra parte, la palabra "balón" también la usamos para otros deportes, ya tenga un tamaño más grande, caso del baloncesto, o más pequeño, en el caso del balonmano. De manera que el día que la citada narradora llegue a retransmitir algún partido de estos otros deportes, probablemente se referirá a ellos denominándolos "Bolacesto" y "Bolamano".
Y como dicen que "no hay dos sin tres", ahí va la tercera. Esta se refiere a la clase política que, al no ser capaz de resolver los principales problemas que demanda la sociedad, no tiene ningún pudor en pasar por debajo de un listón que se cayó hace tiempo, sacándose de la manga palabras o conceptos inexistentes. Es el caso del Sr. Feijóo, que acaba de inventarse lo de la "ingeniería electoral" para referirse a una presunta manipulación torticera de los votos, que estaría pergeñando el Gobierno al objeto de obtener mejores resultados en las siguientes elecciones generales. Se trataría de algo que no cumpliría con ninguno de los estándares democráticos: un engorde de la masa electoral basado en el aumento dirigido del censo. Y para denominar ese "movimiento" no se le ha ocurrido mejor cosa que llamarlo "ingeniería". O sea, que la ingeniería sería una de las artes de la manipulación y el mamoneo en las elecciones del mundo de la política. El Sr. Feijó, en un periquete, ha llegado a transformar un concepto positivo en uno perverso, un significado constructivo en otro destructivo.
La RAE define la ingeniería "como el conjunto de conocimientos orientados a la invención y utilización de técnicas para el aprovechamiento de los recursos naturales o para la actividad industrial", nada que ver con el tema de las elecciones. Cierto que el vocablo "ingeniería" también ha sido utilizado asociado a la genética, e incluso a las finanzas, pero jamás a aspectos negativos o delictivos como la presunta manipulación de unas elecciones.
De propina, por si fuera poco, estamos viendo como muchos medios de comunicación nos están presentando a un delincuente, convicto y confeso de haber cometido delitos por organización criminal y cohecho activo continuado, como a un héroe nacional; vamos. como un modelo de comportamiento ciudadano.
Y, a más a más, las señorías del Congreso y del Senado se han ido dos meses de vacaciones retribuidas, que se suman a las de Navidad, Semana Santa y a todas la fiestas nacionales y las de las 17 autonomías que tenemos en España.
No sé si es que hay alguien que le ha dado más cuerda de la debida al mecanismo de la razón, o simplemente es cosa del verano. ¡Pero, en cualquier caso, como no vamos a cabrearnos si estamos viendo como las mariposas se están tornando en vencejos!
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