Opinión
Un brindis al sol...
"Señorías, puesto que tanto aplaudieron las palabras de Su Santidad ¿por qué no se aplican el cuento?..."

Madrid. 08.06.2026. El Papa León XIV en el Congreso de los Diputados / José Luis Roca / PIM
Hace algo más de un mes vino a España el papa León XIV, atendiendo la invitación que a poco de ser entronizado le cursaron conjuntamente el Rey Felipe VI y la Iglesia española, con la intención de recuperar la relación de ésta con el Vaticano, que tanto se distanció durante el pontificado del papa Francisco.
León XIV nos visitó, en misión evangelizadora, con varios objetivos: promover el diálogo frente a la polarización política que tanto daño está haciendo a la sociedad; fortalecer la cultura del encuentro entre diferentes; animar a las nuevas generaciones a reforzar su vida espiritual; concienciarnos a todos de la angustia que supone la crisis migratoria y recordarnos la relevancia que a lo largo de los siglos ha tenido Europa, y particularmente España en la impulsión de los principios y valores que siempre han distinguido a Occidente.
Demostrando un estado de forma físico pletórico, el Papa desarrolló una agenda plagada de eventos sin dar el menor síntoma de cansancio, lo cual dice mucho de los deseos y la satisfacción con que León XIV asumió el desempeño de su labor evangelizadora en las tres etapas que cubrió en su visita a España: Madrid, Barcelona y las Islas Canarias. En todas ellas, y por lo que pudimos saber, el Papa dio muestras de estar encantado de hacer aquello para lo que vino a nuestro país: reafirmar su firme convicción de que solo haciendo lo que se debe hacer uno puede tener la conciencia tranquila y alcanzar la paz.
Pero si algo tuviera que destacar de cuanto protagonizó León XIV en España, sin duda destacaría el discurso que ofreció en el Congreso de los Diputados, ante un hemiciclo en el que "no cabía un alfiler", y que, al menos para quien suscribe, no tuvo desperdicio. Un discurso que versó de manera fundamental acerca de la defensa de la vida, de la dignidad y del respeto que todo ser humano merece, del reparto equitativo de los bienes, de la justicia social y de la recuperación de los principios y valores que proclama el cristianismo.
No obstante, a pesar del unánime reconocimiento que obtuvo su discurso, hasta el punto de ser el más aplaudido de cuantos se han dado en las Cortes Generales desde que vivimos en democracia, analizado desde la triste realidad en que vivimos, bien podría decirse que fue un "brindis al sol" porque en absoluto ha servido para que los políticos de mayor rango hayan hecho examen de conciencia, hayan cambiado de actitud y se hayan comprometido, como dijera y subrayara León XIV, a saber respetar al discrepante en el convencimiento de que la pluralidad política nunca debe degenerar en la descalificación permanente del adversario.
Señorías, puesto que tanto aplaudieron las palabras de Su Santidad ¿por qué no se aplican el cuento?...
Según afirmó León XIV, el mundo atraviesa una profunda crisis espiritual y cultural que se manifiesta en múltiples formas de violencia, de polarización y de desconfianza recíproca que hacen imposible la convivencia en paz; una paz que, enfatizó el Papa, hay que buscarla en la conciencia, que es donde el rencor, la indiferencia y el odio ceden espacio a la reconciliación.
León XIV nos recordó que solo la paz de conciencia es la que hace que el legislador sepa y pueda legislar en beneficio de todos, que la justicia pueda poner límites a la fuerza, que quienes gobiernan puedan desempeñar limpia y legítimamente su mandato, que los más frágiles se sientan integrados en la comunidad y que los inmigrantes puedan sentirse acogidos conforme a su dignidad.
Hacer un poquito de caso al Papa es un ejercicio de responsabilidad que quienes más directamente le escucharon no quieren practicar, porque supone tener que aceptar un cambio de actitud que, me atrevería a decir, ninguno de los que aplaudieron a León XIV en la cámara baja del Parlamento Nacional quiere asumir.
Por eso, y solo por eso, he dicho que el discurso que ofreció León XIV en el Congreso de los Diputados puede calificarse de “brindis al sol”, porque fue como predicar en el desierto ante quienes nunca están dispuestos a rectificar sus posiciones, aunque pueda ser claro y notorio que lo que están haciendo es en buena medida intolerable, muchas veces más que inaceptable y, por supuesto, impropio de quienes deben demostrar un poco de dignidad.
De cuanto escuché al Papa saco como conclusión que, a su manera, quiso decir que: la norma debe ser intentar defender lo que uno piensa, sabiendo respetar al discrepante, y siempre en busca de la verdad; verdad que por mucho que se quiera tergiversar no puede ser más que una. Lo demás son relatos.
¡País!.
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