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Opinión

Fernando Primo

Fernando Primo

Escritor y catedrático de bachillerato de Lengua y Literatura

A D. Hermino Ramos: mi profe, mi compañero, mi amigo

A D. Hermino Ramos: mi profe, mi compañero, mi amigo

A D. Hermino Ramos: mi profe, mi compañero, mi amigo

Estando estos días pasados fuera de Zamora, me llega la noticia de l fallecimiento de este personaje, inmortalizado en la escultura de bronce cercana a au casa. Precisamente, ese día de la inauguración se realizó un acto en el Salón de Actos del Colegio Universitario. Yo fui uno de los partícipes de ese acto y quiero recordar lo que dije aquel día, dictado por los años de convivencia junto al MAESTRO:

"Cuando los organizadores del acto me pidieron que interviniera para glosar las virtudes académicas de nuestro homenajeado Herminio Ramos, enseguida di una respuesta positiva ya que siento una gran admiración, respeto, cariño y amistad hacia mi profesor y hacia mi compañero en el Instituto Claudio Moyano.

Sin embargo, tengo que decir que no es tarea fácil resumir las cualidades de este sayagués en breves minutos. Me atrevería a decir que necesitaría mucho tiempo para exponer esos valores en el campo de la ciencia y la educación.

Por lo tanto, creo que desgranar aquí sus méritos intelectuales, es tarea más que inútil porque todos conocen y saben quién es aquel que ha quedado ya convertido para siempre en un símbolo de la ciudad a través de la escultura recién inaugurada.

Recuerden los versos del poeta Jorge Manrique en sus Coplas cuando escribía de su padre: "sus grandes hechos y claros/ no cumple que los alabe, / pues los vieron, / ni los quiero hacer caros, / pues todo el mundo sabe/ cuáles fueron".

Pues bien no voy a hacer una loa acerca de sus valores pero, sin embargo, quisiera resaltar dos valores por encima de todos:

HERMINIO, HOMBRE DE SU TIEMPO. Sólo desde la perspectiva de las fechas tan especiales en las que nació y en las que le tocó vivir, con la guerra civil que trunca su infancia, y ha de convertirse en un adulto siendo niño, podemos analizar la personalidad de este sayagués, trabajador nato, hombre hecho a sí mismo.

Los valores educativos de la Institución Libre de Enseñanza que el maestro Giner de los Ríos quiso impulsar en aquellos años, estoy seguro que forjaron su vocación y el deseo de conocimiento.

Realiza el ingreso de Bachillerato en el Instituto Claudio Moyano en junio del 36; la Guerra Civil le aparca esas ansias, pero no las elimina. Continúa el Bachillerato como alumno libre primero, oficial después, hasta concluir con el examen de Grado en 1946. Al año siguiente finaliza sus estudios de Magisterio, según el Plan de 1940. Gana por oposición una plaza en la provincia de Guadalajara (El Pobo de Dueñas, 1953), y comienza su actividad docente a la vez que, con esas ansias de saber, y con la cercanía de Madrid, inicia sus estudios de Filosofía y Letras, sección de Historias, como alumno libre en la Universidad Complutense. Obtiene la licenciatura en 1962 mientras impartía su magisterio, ya de vuelta a su tierra, en Cabañas de Sayago.

A partir de entonces, doce años en el Instituto Claudio Moyano. Allí tengo la inmensa fortuna de encontrármelo, primero como profesor y después como compañero.

Doce cursos, hasta 1974. Doce años en los que transmite a sus jóvenes alumnos, no tanto sus conocimientos, sino el amor por el Arte y la Historia. Para toda la hornada de jóvenes profesores que nos integrábamos al mundo de la enseñanza a principios de los años setenta, Herminio fue el nexo de unión entre los profesores de antes (D. Ramón Luelmo, D. José Rubio, D. Fernando Acilu, Dª Ursicina... con los que tomábamos el relevo (Juan Piorno, Pepe del Cura, Paco Iglesias, Aquilino Segurado, mi hermano José Ignacio...). Si tuviera que definir con un solo concepto a Herminio lo haría utilizando los versos de otro gran maestro y profesor, Antonio Machado. Como se definiera el poeta andaluz en su Retrato, también en Herminio existía ese espíritu de rebeldía e inconformismo y de templanza: "Hay en mis venas gotas de sangre jacobina/ pero mi verso brota de manantial sereno".

Esa actitud inconformista, revolucionaria a veces, idealista siempre, la tuvo que compaginar con la de padre de familia más que numerosa, por lo que pensamiento y obras no podían caminar unidas en más ocasiones de las deseadas. Pero de lo que no hay duda es que este hombre puede decir, al igual que el poeta sevillano, "soy en el buen sentido de la palabra, bueno".

No hay ni una palabra de resentimiento ni de animadversión para aquellos que en 1974 le depuraron de su aula en el Claudio Moyano sin ninguna razón objetiva. Él cogió su petate y ofreció sus últimas enseñanzas en diversos centros y escuelas de Zamora, la de Olivares y la de Juan XXIII de la que fue su director en los ocho últimos cursos hasta su jubilación en 1991.

Pero me importa más destacar su segunda faceta:

HERMINIO, MAESTRO. En una época en la que nuestra sociedad vive más de la apariencia que de la realidad, quisiera destacar su labor como Maestro, palabra que hasta los que ostentan esa maravillosa titulación, parece que quieren rechazar en la actualidad.

Es sintomático que en esta semana, quienes han publicado en el diario local LA OPINIÓN-EL CORREO DE ZAMORA artículos de opinión acerca de nuestro homenajeado coinciden en afirmar conmigo que es ante todo y sobre todo un MAESTRO.

No debemos olvidar que según la definición del diccionario de la RAE maestro es: "El que enseña una ciencia, un arte o un oficio".

Su caminar por la vida ha sido precisamente el de enseñar y no mirar para atrás, sino hacer camino al andar.

Como a Unamuno, le han preocupado siempre más las cosas pequeñas, (la intrahistoria) que la Historia con mayúsculas.

No nos ha dejado escrita una obra monumental, sino que nos ha ido llenando el zurrón con pequeños alimentos para que todos los pudiéramos digerir. (Toponimia, Arte, Etnografía, han sido algunos de los campos a los que ha prestado su dedicación y esfuerzo intelectual). Títulos como: La Cerámica Popular de Zamora, Alfares de Castilla y León (en colaboración); San Pedro de la Nave; Historia de Zamora; Zamora, Ruta sentimental...son las cultas aportaciones a su caminar por la vida.

Por todo ello, Zamora está y estará en perenne deuda con él y con los que como él, dan y han dado lo mejor de sí para la sociedad en la que viven sin pedir nada a cambio.

Yo sé, querido maestro, profesor, amigo que seguirás laborando hasta el último aliento y como Antonio Machado "cuando llegue el día del último viaje/ y está al partir la nave que nunca ha de tornar/ me encontraréis a bordo, ligero de equipaje, /casi desnudo como los hijos de la mar".

Pero no debemos olvidar, señoras y señores, que si se va desnudo es porque generosamente, lo ha dejado todo en esta tierra, su tierra".

No me equivoqué mucho en esta última apreciación. Te has ido, mi amigo-profe sin ruido, Pero Zamora ha levantado su voz para despedirte y desearte el Descanso Eterno junto a tu María.

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