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Opinión | La mirilla

No todo es idílico

Un avión espera su turno en una de las pistas del aeropuerto.

Un avión espera su turno en una de las pistas del aeropuerto.

Viajar con niños obliga a reestructurar, sobre todo cuando vas fuera de España y decides hacer viajes en cierto modo "aventureros". Hay que pensar bien el equipaje porque sigues llevando solo mochila, hay que organizar más la ruta, adaptar los ritmos... Y de repente incluyes en el itinerario una palabra que hasta entonces ni eras consciente de que existía: playground (parque). Aunque no siempre das con uno... y ese día improvisas como puedes para que el peque corra y juegue dónde sea. Viajar con niños no es un camino de rosas, obviamente se aburren a ratos, se cansan, no les apetece ver un museo, no quieren estar horas viajando de una ciudad a otra... Y sí, también te sacan de tus casillas. Pero seamos sinceros, no es mucho peor que cualquier día de rutina mientras hay cole. Todos tenemos días mejores y peores, y los peques más aún. Pero a mí, a pesar de todo, me merece la pena. Porque viajando por el mundo yo disfruto muchísimo, y eso se lo transmites a ellos: abren la mente, descubren otras culturas, otras comidas, otras formas de vivir y se impregnan de todo. Quizá de mayores no se acuerden de dónde han estado, pero son esponjas que absorben lo que viven. Por eso, aunque a ratos me parezca más sencillo estar en un todo incluido con piscina y sin moverme de la tumbona, pienso que también hay días que acabo saturada sentada en el sofá de casa y estoy convencida de que también acabaría medio loca en un resort. Así que prefiero seguir experimentando con la mochila a la espalda, y disfrutar de viajes quizá no 100% idílicos, pero sí inolvidables.

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