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Opinión | Zamoreando

El color de la República

"La abrumadora mayoría de los integrantes de la selección de Francia nacieron en territorio francés, se criaron en sus barrios periféricos y se formaron en las academias de fútbol del país. Son ciudadanos franceses de pleno derecho."

Kylian Mbappé, tras la derrota ante España

Kylian Mbappé, tras la derrota ante España / EFE

El fútbol tiene la virtud, o el defecto, de desnudar las fijaciones más profundas de una sociedad. Cuando el expresidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, escribió en su columna de El Debate que la selección de Francia poseía una plantilla de altísimo nivel, "eso sí, sin franceses", no solo cometió un error geográfico e institucional. Activó, de manera consciente o inconsciente, uno de los dogmas más viejos y peligrosos del nacionalismo excluyente: la idea de que la nacionalidad es una cuestión de sangre, no de derechos.

La tormenta diplomática posterior, con el Gobierno francés tildando las palabras de "racismo burdo" y la Moncloa exigiendo una rectificación, no fue una simple pataleta política. Fue el choque frontal entre dos visiones del mundo: la Francia que se define a sí misma a través de los valores civiles de su República, y la Europa nostálgica que mide la ciudadanía por el árbol genealógico. Se basa en una falacia estadística alimentada por el color de la piel al asumir que un jugador negro no es "verdaderamente" del país al que representa.

Sin embargo, los datos destruyen el prejuicio. La abrumadora mayoría de los integrantes de la selección de Francia nacieron en territorio francés, se criaron en sus barrios periféricos y se formaron en las academias de fútbol del país. Son ciudadanos franceses de pleno derecho. Su única vinculación con el continente africano es la historia migratoria de sus padres o abuelos, una realidad demográfica inseparable de la Francia contemporánea. Negar la condición de franceses a futbolistas como Mbappé o Tchouaméni implica sostener que la identidad nacional tiene un color oficial.

Me gustaría que cuantos han criticado duramente al ex presidente Rajoy, se hubieran dado una vuelta, durante el partido que enfrentó a España y Francia, por los lugares donde se agrupaban multitud de espectadores para presenciar el partido. Un comentario se llevó la palma: "Pero si no hay un solo francés". Quizá porque el color de la República se asocia con el blanco de los Platini, Kopa, Fontaine, Blanc, Deschamps, Ribery o Cantoná.

Francia presume de una selección donde casi todos los jugadores son de origen africano. Cuestión de melanina. Lo cierto es que, en el terreno de juego, el único color que importa es el de la gloria. Hasta que España dejó a Mbappé y los suyos en la nevera.

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