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Opinión

Del "Costa Vasca" a "El hijo de la cómica"

OPINIÓN | Hace apenas cuatro años, Sacristán puso en escena una adaptación de la novela que Miguel Delibes escribió como homenaje a su esposa: "Señora de rojo sobre fondo gris"

José Sacristán, en un momento de 'La colección'.

José Sacristán, en un momento de 'La colección'. / La Opinión de Málaga

Debido a temas profesionales, aquel viaje acostumbraba a hacerlo por la noche en el "Costa Vasca". Un tren dotado de coches cama, que salía a las once de la noche de la estación de Chamartín para hacer el recorrido Madrid-San Sebastián. Si se acostumbraba uno a su balanceo, cuando a las ocho de la mañana se llegaba a Donostia, estabas fresco como una lechuga dispuesto a aprovechar el día. Corría el año 1978, y aquella noche se encontraba en el pasillo, haciendo tiempo antes de entrar en la cabina para descansar entre sabanas. Quiso la casualidad que coincidiera con el actor Pepe Sacristán que se encontraba practicando idéntica vigilia. El actor, aunque no lo sabía aun, en realidad iba a recoger la "Concha de Plata" del Festival de Cine, con el que resultó premiado por su brillante interpretación en "Flor de Otoño". Aquel encuentro derivó, como no podía ser de otra manera, en una larga charleta sobre el cine español, lo que hizo que ambos vieran reducidas sus horas de sueño.

No hacía mucho que el actor había disfrutado de las mieles del éxito con "Asignatura pendiente", una película que vino a marcar el lanzamiento de un nuevo cine español, que se amparaba en los aires de libertad que habían comenzado a llegar con el régimen democrático. Aquella película vino a marcar un antes y un después en la carrera de Pepe Sacristán. Hasta entonces el mítico actor era uno de los tres vértices del triángulo formado por José Luis López Vázquez, Alfredo Landa y él mismo. Un trío al que no se le habían dado muchas oportunidades para mostrar sus excelentes cualidades interpretativas. Los tres eran muy "taquilleros" pero, a la vez, encasillados en unas producciones con una innegable falta de técnica y de medios, cuya caspa no impedía un gran éxito de público, pero no así de crítica, en aquello que se dio en llamar "el Landismo".

Mucho ha llovido desde entonces, y el que más y el que menos ha podido ver muchas películas de Sacristán, o asistir a sus brillantes interpretaciones teatrales en ese "viaje a ninguna parte" en el que se encuentran inmersos los cómicos. En ese sentirse un poco quijote como "el hombre de La Mancha". En ese tener que hacer el Willy Loman de "La muerte de un viajante" para poder sentirse un actor completo.

José Sacristán ha prestado su piel a múltiples personajes a lo largo de sus más de cien películas y varias decenas de funciones teatrales. Se le ha llegado a poner "cara de acelga" y ha formado parte de la novela "Pantaleón y las visitadoras" de Vargas Llosa. Ahora ha decidido dejar de trabajar en el cine, porque al estar sujeto a complicados horarios no permite llevar una vida ajustada a quien lleva a su espalda ochenta y ocho años de existencia. Pero seguirá dedicándose al teatro.

Hace apenas cuatro años, Sacristán puso en escena una adaptación de la novela que Miguel Delibes escribió como homenaje a su esposa: "Señora de rojo sobre fondo gris", de la que ofreció una versión magistral. Y últimamente ha protagonizado otra función, también en forma de monólogo, basada en las memorias de Fernando Fernán Gómez, que escribiera el pelirrojo actor en los años "noventa" ("Tiempo amarillo", 1921-1943) Esta función, guisada y comida por Sacristán, la ha bautizado como "El hijo de la cómica". En ella, da vida a varios personajes en un ejercicio de cariño y admiración hacia la figura de su amigo y maestro, del que ha llegado a decir que le enseñó a escuchar, de la misma manera que Delibes le enseñó a mirar.

Cierto que la dramaturgia empleada por él mismo para teatralizar la novela podía haber sido diferente, y la escenografía menos austera, lo que hubiera ayudado a disfrutar más de la función, pero eso lo ha compensado con una espléndida interpretación, en la que no faltan matices, modulaciones, tonos, equilibrios y emociones. Una mezcla del Sacristán ciudadano y del Sacristán actor, como probablemente le gustaría decir a él.

Coincidiendo con el centenario del nacimiento de Fernando Fernán Gómez, hace cuatro años Sacristán anticipó una lectura dramatizada de esa función en el "Teatro Fernán Gómez", en Madrid, para más tarde hacer una gira por diversas provincias. Últimamente, a finales del pasado mes de abril, regresó otra vez a la capital del reino. Esta vez al "Teatro Bellas Artes", donde ha estado hasta finales de junio. Con las localidades agotadas nada más ponerse a la venta, las representaciones han sido hechas a teatro lleno, contando con una asistencia de más de veinte mil espectadores. El público, puesto en pie, ha convenido en aplaudir emocionadamente al actor al final de cada representación. Quizás no solo por este trabajo en "El hijo de la cómica", sino como cumplido homenaje a su amplia trayectoria artística.

Es pues, una función de amor al teatro, con historias de supervivencia, de miedos, de ausencias, y también de esperanzas. Pero especialmente una lección de interpretación. Un salto cualitativo desde aquel viaje de Sacristán, en el "Costa Vasca" para recoger un premio, y el tiempo actual.

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