Opinión | Buena jera
Aquella reflexión de Cruyff
OPINIÓN | ¿Qué futuro le aguardarían al balompié y a lo mucho que mueve si todos los partidos, por intercesión de las Alturas, acabaran en empate?

Mikel Merino dispara a portería el balón rechazado por el meta belga Senne Lammens en el partido de Los Ángeles.
Habrá muchos jóvenes que no sepan quién fue Johan Cruyff . Los futboleros, y sobre todo los barcelonistas, no olvidarán jamás a aquel flaco de pelo largo, andar elegante, cambio de ritmo endiablado y calidad innata para el regate, el pase y el gol. Y tampoco olvidarán sus lecciones y logros como entrenador del FC Barcelona, sus nuevos métodos, su obsesión por el juego ofensivo y el ataque constante. Fue esa la época en la que Cruyff nos dejó algunas "perlas" en sus declaraciones. No era un hombre de tópicos, de soltar siempre las mismas, o parecidas, frases. Se mojaba. No hablaba en catalán (ningún independentista se lo reprochó), solo en un castellano bastante imperfecto, aunque se le entendía todo. Y, a veces, no charlaba, o reflexionaba, solo sobre fútbol, sino que iba algo más allá. Recuerdo cuando explicaba a un colega que nunca iba a ser más fuerte que antes de firmar un contrato. Entonces-decía- te ofrecen, te prometen, te resuelven tus dudas; pero en cuanto firmas, ya te pasan la pelota a ti, ya te endosan todos los problemas y dificultades. He comprobado en numerosas ocasiones que tenía más razón que un santo.
Sin embargo, entre las remembranzas de aquel Cruyff sabio y listo me gusta destacar una que me iba suscitar una sonrisa profunda y que se me ha aparecido con frecuencia durante este Mundial de Canadá, México y Estados Unidos. El gran Johan se mostraba muy escéptico, incrédulo, ante la posible eficacia de los rezos, invocaciones y demás gestos de los jugadores para reclamar ayuda divina ante lo que se les venía encima. El ex azulgrana aseguraba que si en las Alturas atendieran estas peticiones, todos los partidos acabarían en empate. "Y ya estamos viendo que no", añadía. Por eso prefería confiar más en la estrategia que en las oraciones, más en los remates a puerta que en santiguarse cinco o seis veces a toda velocidad, más en la seguridad defensiva que en mirar y remirar al cielo con ojos de súplica. Nadie le contradijo; pese a ello, las invocaciones y plegarias han seguido, siguen y seguirán.
Aquella irónica reflexión de Cruyff me ha acompañado durante muchos de los encuentros del campeonato actual. Futbolistas y técnicos recurren a sus divinidades antes y durante los choques y, a veces, incluso parecen enfadarse si no les hacen caso, si su especialista falla un penalti, si su portero yerra en un disparo fácil, si surge una lesión dañina. Y uno se imagina a Dios, a Alá, a Jehová, a Visnú, a Buda, a Zoroastro y, ¿por qué no?, a Júpiter o Zeus, Allá Arriba discutiendo a quién apoyar, con quién ir (¿y tú con quién vas, Atenea?) e incluso riñendo porque jugadores de ambas escuadras les exigen lo mismo: ganar, ganar y ganar. ¿Cómo respaldar a los católicos españoles que se santiguan y rezan sin molestar a los franceses, que hacen y piden lo mismo? Este es un dilema entre idénticas solicitudes al mismo Dios, pero ¿qué ocurre si uno se lo reclama a este Dios y otro a Alá? A ambas divinidades les estamos obligando a echar un pulso que dios sabe cómo acabará. Los precedentes no invitan al optimismo.
De modo que los partidos de fútbol, especialmente estos que son un duro choque entre naciones, pueden acabar en enfrentamientos religiosos o algo parecido. Esperemos que no ocurra, aunque tampoco conviene olvidar que Honduras y El Salvador iniciaron una guerra sangrienta por un encuentro futbolero. Así que, en días como estos, conviene volver a Cruyff y darle la importancia que no tienen a estos llamamientos a las distintas divinidades. Está bien que cada uno rece a quien le parezca, a quien le tenga fe, a quien acostumbre desde pequeño, pero sin darle una importancia trascendental, sin poner en juego lo sagrado. Don Johan lo analizó, reflexionó y dijo lo que dijo.
¿Qué futuro le aguardarían al balompié y a lo mucho que mueve si todos los partidos, por intercesión de las Alturas, acabaran en empate?
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