Opinión
Empresas que hacen región
Quienes crean valor deben conocerse y reconocerse, y que la sociedad sea consciente de su importancia

Foto de familia de todos los galardonados y autoridades tras la entrega de los Premios Empresa del Año Banco Sabadell. / José Luis Fernández
Castilla y León necesita empresas que generen empleo, que innoven, que exporten, que arraiguen y que demuestren que desde esta tierra también se puede competir al máximo nivel. Pero, además, urge que esas empresas se conozcan y se reconozcan entre ellas, y que la sociedad sea consciente de su valor para la comunidad. Bajo esa premisa se dio clausura el pasado miércoles a la tercera edición de los Premios Empresa del Año entregados por Banco Sabadell y Prensa Ibérica con la organización de LA OPINIÓN-EL CORREO DE ZAMORA, una cita que se ha convertido en ineludible para el sector económico de la región y cuya vocación de utilidad le garantiza un futuro con el mayor de los éxitos.
Los galardones volvieron a reunir a empresarios, representantes institucionales y agentes sociales en torno a una idea esencial: tan importante es hacer bien las cosas como saber contarlas. Castilla y León cuenta con industrias sólidas, proyectos innovadores, empresas familiares ejemplares, startups con vocación de futuro y directivos capaces de abrir camino en mercados nacionales e internacionales. Sin embargo, demasiadas veces ese esfuerzo queda encerrado en los polígonos, en las plantas de producción, en los laboratorios, en las oficinas técnicas o en los despachos donde se toman decisiones clave para el futuro de la región.
Castilla y León necesita empresas que generen empleo, que innoven, que exporten, que arraiguen y que demuestren que desde esta tierra también se puede competir al máximo nivel. Pero, además, urge que esas empresas se conozcan y se reconozcan entre ellas, y que la sociedad sea consciente de su valor para la comunidad
Los Premios Empresa del Año sirven, precisamente, para romper ese silencio. La cita se ha convertido en un conducto para poner nombre, rostro y relato a quienes sostienen buena parte de la economía real. Hiperbaric, AyB Hislabor, Innova Chef, Cobadu, DareMapp, Entrepinares, Grupo Tecopy y Rocío Hervella, CEO y cofundadora de Prosol, merecida galardonada como Empresaria del Año, representan sectores distintos, trayectorias diferentes y modelos empresariales diversos. Pero todos comparten una misma condición: son ejemplos de una Castilla y León que trabaja, transforma y arriesga para generar oportunidades.
Cada premio encierra una historia de perseverancia. Hiperbaric simboliza la capacidad tecnológica e industrial de una comunidad que puede liderar desde la innovación. AyB Hislabor demuestra que la internacionalización también puede impulsarse desde una empresa muy de nicho. Innova Chef refleja la fuerza de la empresa familiar que evoluciona sin perder su raíz. Cobadu encarna el valor estratégico del cooperativismo y del sector agroganadero en una tierra donde el campo sigue siendo motor económico y social. DareMapp aporta la mirada de la savia nueva, capaz de transformar una idea en solución. Entrepinares acredita que la industria agroalimentaria de Castilla y León no solo tiene tradición, sino presente y futuro. Grupo Tecopy representa la trayectoria, la ingeniería, el conocimiento técnico y la capacidad de adaptación. Y Rocío Hervella, al frente de Prosol, personifica el liderazgo empresarial femenino a pesar de las difíciles cartas que alguien puede encontrar al inicio de la partida.
Pero estos premios no son solo un reconocimiento individual. Son también un punto de encuentro. Roberto García, consejero delegado de Grupo Tecopy, subrayó durante la velada que este tipo de convocatorias resultan fundamentales para que las empresas de Castilla y León puedan conocerse entre ellas y crear sinergias. La afirmación no es menor. Una comunidad extensa, con nueve provincias, con realidades económicas muy distintas y con núcleos empresariales a veces demasiado aislados, necesita espacios compartidos y que sus compañías se miren, se escuchen y descubran posibilidades de colaboración. El crecimiento también nace del conocimiento mutuo.
Una comunidad extensa, con nueve provincias, con realidades económicas muy distintas y con núcleos empresariales a veces demasiado aislados, necesita espacios compartidos y que sus compañías se miren, se escuchen y descubran posibilidades de colaboración. El crecimiento también nace del conocimiento mutuo.
En ese sentido, la gala celebrada en Zamora fue algo más que una entrega de distinciones: se convirtió en una reivindicación de comunidad. Porque Castilla y León no se construye solo desde el impulso administrativo, sino que se antoja necesario que existan quienes invierten, contratan, forman equipos, abren mercados, retienen talento, compran a proveedores locales, apuestan por la innovación y mantienen actividad allí donde otros solo ven dificultades.
Pablo Junceda, director general adjunto de Banco Sabadell, dejó otra reflexión especialmente valiosa: Castilla y León no pertenece únicamente a quienes nacieron aquí, sino también "a quienes llegaron un día buscando una oportunidad y decidieron convertirla en su hogar o a los que trabajan en sus empresas, investigan en sus universidades, enseñan, cuidan, innovan o emprenden". Esa mirada ensancha el concepto de pertenencia. La región no puede limitarse a la nostalgia ni a la reivindicación de sus raíces. Debe ser también tierra de acogida, de proyecto y de futuro.
Y es ahí donde radica la importancia de estos galardones. Unos premios que ayudan a contar la otra historia de Castilla y León, la que no suele ocupar titulares a pesar de que serían absolutamente potentes. Una región con empresas que compiten y que innovan, que merecen ser reconocidas dentro y fuera. Empresas, con personas detrás, que demuestran un orgullo por la tierra cimentado en la ambición de crecer desde dentro.
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