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Opinión

Cuando el absentismo es realmente un cáncer

OPINIÓN | En las empresas privadas, el coste del despido es tan bajo que no hay trabajador que se arriesgue a cometer un fraude cuando puede perder su trabajo definitivamente

Resfriado.

Resfriado. / REDACCIÓN

Efectivamente, Sr. Feijóo, el absentismo algunas veces es un cáncer.

Entonces hay que superar el miedo a la muerte. Tienes que acudir a recibir un tratamiento especializado a hospitales lejanos durante meses; después hay tratamientos ambulatorios durante más meses aún que, incluso aunque estén cerca, te obligan a desplazarte en taxi en la ciudad. Si vives en un pueblo tienes que quedarte a dormir en una pensión o en un hostal para acomodarte a los horarios del transporte público y de la atención sanitaria. Si te llevan en ambulancia y no gastas en transporte público, como el vehículo sanitario se comparte con enfermos de distintas patologías y horarios diferentes de atención médica, te puedes pasar todo el día de viaje fuera de casa, añadiendo agotamiento físico y mental a tu cuerpo. Los tratamientos son a veces muy duros y te dejan desecha, por lo que necesitas un acompañante que hay que pagar; y si es un amigo o familiar que te acompaña gratis y agradecido, tiene que desayunar, comer y cenar; y trabajar para no ser un absentista. Si tienes niños pequeños o personas mayores a tu cargo, también tendrás que contratar a alguien que los cuide mientras te curas. Y eso si te curas, porque la incertidumbre con el cáncer te puede hacer caer en una depresión que necesita también ayuda. Y a veces no hay psicólogos en la sanidad pública – bueno, en el pueblo nunca ¡no hay ni médico de familia! - así que si necesitas un poco de ánimo, tienes que pagar al especialista que te ayude. Y todo esto en caso de que no seas una persona totalmente dependiente durante el tratamiento, en cuyo caso necesitas al menos tres cuidadores a ocho horas cada uno o cada una, más sus descansos. Más el cuidado a tu familia. Si todo va bien pero despacio, la familia y los amigos tendrán que ir a visitarte al hospital o a una residencia si no pueden cuidarte y no puedes contratar quien lo haga en casa, y entonces también ellos tendrán mayores gastos. Todo son problemas añadidos al cáncer.

Pero debes ser comprensiva con los demás y empatizar con los que crean trabajo. Porque como no puedes ir a trabajar, aumentas las cifras de absentismo, y tu cáncer personal se convierte en un cáncer empresarial.

Lo que pasa con el cáncer, pasa con cualquier enfermedad que te impide ir a trabajar. El absentismo que para algunos es tu cáncer que perjudica al sistema también puede ser: tu dolor insoportable que se eterniza esperando una consulta médica en las listas de espera; tu ictus sin unidad prometida en Zamora que paraliza tus manos y las máquinas de la fábrica; tu cólico nefrítico que es una piedra en el riñón forrado del constructor; tu tristeza no sabes por qué, que se convierte en una depresión bursátil; o tu baja laboral que impedirá que esos niños a los que no puedes ir a dar clase y son libres en el recreo, lleguen a ser hombres y mujeres de provecho... empresarial.

El absentismo del cáncer y de cualquier baja laboral por enfermedad te obligan a tener que acometer gastos añadidos a tu vida de persona saludable y con la suerte de poder trabajar.

Pero lo que no puedes es poner en peligro la salud empresarial, por lo que si estás de baja por enfermedad -o por "ite" que también la llaman ahora- desde los defensores de la empresa como creadoras de empleo defienden que cobres menos aunque lo necesites más.

No es nada nuevo: ya lo hizo "emepunto" Rajoy en el año 2012, cuando descontaba hasta el 50% del sueldo los primeros días de baja.

Y vuelven a la carga: lo vuelve a defender Feijó con una desafortunada metáfora porque no es hombre de poesía sino bastante prosaico, políticamente hablando.

Además, los argumentos para defender que no cobre lo mismo trabajando que de baja para salvar del cáncer a las empresas, no se sostienen de ninguna manera.

En las empresas privadas, el coste del despido es tan bajo que no hay trabajador que se arriesgue a cometer un fraude cuando puede perder su trabajo definitivamente. Es más, lo que sucede realmente es que las empresas despiden a los trabajadores enfermos porque tienen mucho absentismo, aprovechándose del despido casi libre y casi gratuito. De la misma manera que preguntan a las mujeres si están embarazadas antes de contratarlas, porque las bajas por maternidad también son consideradas absentismo aunque sea para proveer de futuros trabajadores.

En el sector público, donde es más difícil el despido aunque no es imposible, los derechos laborales que se defienden mejor sin amenaza de despido, han conseguido que las administraciones públicas complementen el salario que ya se reduce en situación de "ite", antes de que la derecha lo defienda durante más tiempo.

Y echar la culpa a los sanitarios que dan las bajas ya es estar desquiciados políticamente: ¿Acaso los empresarios o las derechas son personas que nunca están enfermas, para dudar del trabajo de los médicos?

Porque podrá haber casos de fraude en el absentismo, pero lo cierto es que si hay un problema -no lo llamo cáncer por respeto- para los emprendedores "creadores" de empleo, es que no tengan trabajadores que lo hagan. O lo que es lo mismo: los dueños de los medios de producción no son nada sin la fuerza del trabajo.

Con la fuerza del trabajo y ante las amenazas de las derechas y ultraderechas o centroderechistas, proclamemos de nuevo junto a los proletarios: ¡Absentistas del cáncer, uníos!

Nos va la vida y el trabajo en ello.

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