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Opinión

Jesús García de León

Jesús García de León

Abogado y secretario de Transición Justa del PSOE de Zamora

La transición que Castilla y León aún no ha escrito

"El biogás sería un recurso agronómico local, generado al fermentar los residuos propios, y cuya parte sólida volvería al campo como un compost útil"

Arriba, máquina cosechadora.

Arriba, máquina cosechadora.

Sin demora, el campo debería estar regenerando sus suelos, y los pueblos y ciudades sus aguas, pero ni las siete direcciones de la abultada consejería de Agricultura y Ganadería, ni las de Industria y Energía conectan territorio y transición en una estrategia común.

Si hubiera un modelo territorial en marcha, la transformación caminaría con los pies en el suelo: desintoxicando tierras y acuíferos de los nitratos de la agricultura convencional. No es ficción: la transición empieza donde surge la vida, en el suelo y el agua.

En ese marco de regeneración, el biogás sería un recurso agronómico local, generado al fermentar los residuos propios, y cuya parte sólida volvería al campo como un compost útil. El centro sería restablecer los suelos con esa fertilización orgánica testada en el territorio: crear una bioeconomía circular que devuelva oportunidad y rentabilidad a las explotaciones, más allá de una narrativa de ayudas.

En Zamora, la transición comienza en las depuradoras modernas que separan lodos humanos y captan biogás para que nada vuelva al medio. Para los municipios pequeños, se presentan "soluciones" incompletas que no consideran el biogás ni cierran ciclos.

La ausencia de modelo confunde las lógicas agraria y urbana: el campo soporta macroplantas que rompen su ciclo natural, y los municipios emplean "urbanismo defensivo" para prohibir instalaciones, hasta el riesgo de bloquear el ciclo integral del agua, donde el biogás es obligatorio por depuración.

CyL lleva años sin hablar de su futuro rural, de su bioeconomía y de oportunidades para el campo, sin escribir la transición que nace del territorio y se construye con él: la de reconocer al campo como un sistema productivo completo que genera recursos, fertilización, energía y empleo.

La transición que Castilla y León todavía no ha escrito consiste en diseñar un modelo propio que conecte lo que hoy sigue desconectado. Ordenar el territorio agroenergético: valorizar los residuos ganaderos; generar digestato y biogás renovable en su propio ciclo; sustituir nitrógeno sintético con fertilización orgánica, y asegurar que cada instalación sirva al territorio que la acoja. No una transición de macroproyectos desanclados sin prioridad local, sino de micro-pymes rurales, que deje de tratar al campo como receptor y lo convierta en dirección.

La transición real no la harán las grandes corporaciones, sino miles de explotaciones familiares, cooperativas y micro pymes rurales que llevan décadas gestionando recursos, pero sin decidir sobre ellos. Una transición de nueva gobernanza. Porque cuando el territorio decide, la transición ocurre.

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