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Opinión

Representación y realidad

"La Semana Santa de Zamora es un referente y el interés aumenta año tras año. Es la Semana Santa de Zamora como marca, como experiencia, como contenido. El simulacro ha reemplazado al original"

Las esquilas de La Borriquita

Las esquilas de La Borriquita / EMILIO FRAILE

El poeta estadounidense James Whitcomb Riley escribió, "Cuando veo un pájaro que anda como un pato, nada como un pato y grazna como un pato, lo llamo pato". Baltasar Lobo dijo sobre su escultura Maternité, "Mi trabajo actual es, como siempre, figurativo; es decir, abstracto". Riley ve un pato y dice es un pato. Lobo esculpe una madre y crea un pájaro. ¿Quién tiene razón?, depende de en qué realidad confíes.

Riley es el prisionero más satisfecho de la caverna de Platón, no solo no quiere salir, sino que está convencido de que las sombras son la realidad y cualquiera que diga lo contrario está complicando algo que es perfectamente sencillo. Lobo lo cuestiona, la sombra no es el pato, pero el pato existe. La realidad existe, pero desconfía que la percepción directa sea suficiente para captarla.

Para Baudrillard la imagen tiene cuatro fases, primero refleja la realidad, luego la distorsiona, luego enmascara la ausencia de realidad y, finalmente, se desconecta de cualquier realidad convirtiéndose en puro simulacro.

Vivimos un simulacro, no hay necesidad de un mundo real porque los signos crean un mundo más "real" que la realidad misma. No es lo que ves, sino lo que circula independientemente de cualquier sujeto que mire. En Instagram la foto de un pato, luego el meme del pato, luego la marca que usa el pato como logo y luego el artículo sobre la cultura del pato. No percibimos el pato, consumimos imágenes que han perdido cualquier vínculo con un pato concreto. Es un simulacro. En Zamora sabemos de esto.

Durante siglos, las procesiones eran un acto de fe vivida por una comunidad. El penitente que salía en la madrugada del Viernes Santo lo hacía como expresión de devoción sincera. La imagen, el nazareno, la túnica, el silencio, reflejaba una realidad espiritual interior. El cambió llegó en el último tercio del siglo XIX cuando empezó el turismo. En 1897 se fundó la Junta de Fomento de la Semana Santa para promocionarla. La procesión empieza a representarse también para los que vienen de fuera. La imagen ya no es solo fe, es también espectáculo. En 1986 fue declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional, dejó de ser una celebración religiosa que atrae turistas para ser un producto turístico que conserva formas religiosas. Podemos ver la Semana Santa en Instagram, comprar una figura de nazareno en una tienda de souvenirs, elegir el hotel frente al recorrido procesional, y regresar a casa con la experiencia completa sin haber tenido ningún contacto con la devoción que le dio origen. La Semana Santa de Zamora es un referente y el interés aumenta año tras año. Es la Semana Santa de Zamora como marca, como experiencia, como contenido. El simulacro ha reemplazado al original.

Si Riley viese las procesiones hoy, diría "si silencia como una Semana Santa, procesiona como una Semana Santa y emociona como una Semana Santa es una Semana Santa." Baudrillard respondería que ese es exactamente el problema. Y Lobo le preguntaría. ¿el problema o la solución?

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