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Opinión

Gracias, Japón

Bandera de Japón

Bandera de Japón / Europa Press/Contacto/Maksim Konstantinov

Sin ser futbolero, he tenido que entrar a través de las redes sociales en ese partido que perdió Japón y luego ganó la afición nipona con el gesto de civismo que merece una copa mundial de reconocimiento. Bolsas azules volaban sujetas en las manos de la afición para después posarse a recoger el deshecho que nuestro delirio despliega por doquier. Gesto tan poético como aleccionador sobre todo para enseñarnos dónde está el verdadero triunfo de la humanidad, el logro de nuestra civilización a la que andamos metiendo goles de basura por todos los ángulos y escuadras. Japón perdió el partido, pero la afición ya se vio que jugaba otro campeonato, u otro triunfo buscaba dándonos la táctica de conseguir esa copa de la ecología que poca gente sabe que se la está jugando o mejor perdiendo alegremente porque el resultado es para echarse a llorar. Menos mal que en la vorágine de nuestro consumo descomunal y descompuesto hay gente que no pierde la postura y mira la papelera o el contenedor apropiado para depositar lo que en otro sitio no procede. Gracias Japón, mereces estar en la élite de la limpieza, la cordura y la concordia. Alzasteis a tiempo la copa azul con esa esfera del mismo color que se divisa desde las naves espaciales. Muchos más que once os aplicasteis al partido que en esencia ganamos todos y vosotros en primer lugar.

Azul, el color poético por excelencia del que nuestro planeta se viste. Azul es mi color y el vuestro. Azul el mar, el cielo, y desde ahora un gesto con futuro, un campeonato donde todas las naciones y territorios son la sede del mismo para que compitamos para dejarlo limpio. Gracias Japón. No he pisado todavía el suelo de vuestro educado país, pero me habéis mostrado el mejor paisaje interior, el de vuestro gesto invencible. Os compro la entrada de ese partido sin trofeo. A mis nietos sin embargo les sigo la corriente de entusiasmo en este tiempo de goles y gritos. Ellos me acompañan en los paseos por el campo con una bolsa en la mano para recoger lo que el campo no produce: plástico.

Les sigo en su alegría deportiva y juntos vamos por el campo convencidos de que algo vale lo que hacemos: poco, pero necesario para que el suelo siga siendo verde y limpio como el césped de un campo de fútbol.

Menos goles, menos lobos. Más gestos azules.

Gracias, Japón.

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