Opinión
Un transporte digno no es un privilegio
Zamora exige lo mínimo: trenes suficientes y puntuales, carreteras seguras y autovías conservadas

Un camión circula por la travesía de Alcañices sobre la N-122. / Archivo
La movilidad no es un lujo. Tampoco una concesión que las administraciones puedan dirigir según la rentabilidad electoral o la capacidad de presión de cada territorio. La movilidad es un derecho básico para trabajar, estudiar, acudir al médico, mantener relaciones familiares, sostener empresas, atraer visitantes y no quedar definitivamente expulsados del mapa. En una provincia como Zamora, castigada por la despoblación, el envejecimiento y la dispersión territorial, disponer de buenas comunicaciones no debería ser una aspiración, sino una obligación. Sin embargo, la realidad circula en sentido contrario.
El inicio del verano y su primera operación especial de tráfico vuelve a dejar al descubierto las costuras impropias de un territorio que lleva décadas nadando entre promesas, proyectos, impactos ambientales, anuncios, estudios y licitaciones sin que ninguno de ellos termine llegando a puerto. Cada infraestructura pendiente, cada frecuencia ferroviaria eliminada, cada carretera mal conservada y cada punto negro sin resolver conforman una misma fotografía: la de una provincia obligada a desplazarse en peores condiciones que el resto.
Cada infraestructura pendiente, cada frecuencia ferroviaria eliminada, cada carretera mal conservada y cada punto negro sin resolver conforman una misma fotografía: la de una provincia obligada a desplazarse en peores condiciones que el resto
La Alta Velocidad ferroviaria, presentada durante años como la gran oportunidad para coser Zamora al país, se ha convertido en una frustración creciente. La provincia dispone de una infraestructura de primer nivel, pero cada vez cuenta con menos frecuencias útiles. Y las pocas que quedan sufren retrasos con una reiteración difícil de justificar en un servicio que, precisamente, presume de rapidez, regularidad y fiabilidad. El problema no es solo perder trenes, sino perder la confianza. Cuando un viajero no sabe si podrá llegar a tiempo a Madrid, a Galicia o a una conexión posterior, el tren deja de ser alternativa para convertirse en incertidumbre. Y eso termina por eliminar posibilidades de asentamiento.
Por carretera, la situación no mejora. Esta misma semana anunciaba el Ministerio de Transportes el inicio del vallado cinegético para la carretera N-631, puerta de entrada a La Carballeda y Sanabria desde el entorno de Ricobayo. Ya era hora. Esta vía se ha convertido en un auténtico problema de seguridad vial, con animales que irrumpen de manera constante y provocan accidentes que ponen en riesgo vidas humanas. En el momento en que una administración sabe dónde está el peligro y no actúa durante años, la dejación deja de ser una excusa técnica para convertirse en responsabilidad política.
A esa lista se suma la N-122, una de las grandes heridas abiertas de la provincia. Durante todo el verano, miles de ciudadanos portugueses que regresan desde Francia y otros países del norte de Europa hacia su tierra atravesarán Zamora por una carretera que tendría que haber sido convertida en autovía hace más de veinticinco años. La infraestructura soporta tráfico internacional, pesado y vacacional sin disponer de las condiciones que ese volumen exige. Cada operación salida y cada operación retorno vuelven a recordar lo mismo: la autovía del Duero no es una reivindicación localista, sino una necesidad estratégica para Zamora y para la conexión con el vecino luso.
Zamora necesita dejar de ser una provincia de paso mal comunicada para convertirse en un territorio conectado con dignidad. Porque sin movilidad no hay desarrollo, ni igualdad, ni futuro posible
Ni siquiera las autovías existentes se salvan de esta precariedad. La A-66 en el tramo León-Benavente y la A-52 entre Benavente y Puebla de Sanabria presentan un estado de conservación deficiente por zonas que resultan peligrosas para los conductores. Firme deteriorado, baches, irregularidades y una sensación general de abandono acompañan a quienes circulan por vías que deberían representar seguridad, fluidez y modernidad.
La provincia no pide privilegios. Exige lo mínimo: trenes suficientes y puntuales, carreteras seguras, autovías conservadas y compromisos cumplidos. Las administraciones no pueden seguir apelando al equilibrio territorial mientras permiten que Zamora encadene agravios en sus principales redes de transporte. En verano, cuando los desplazamientos se multiplican y los riesgos aumentan, esta situación resulta todavía más grave.
Zamora necesita dejar de ser una provincia de paso mal comunicada para convertirse en un territorio conectado con dignidad. Porque sin movilidad no hay desarrollo, ni igualdad, ni futuro posible.
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