Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | ZAMOREANDO

La corrupción que no cesa

OPINIÓN | Cuando de corrupción se habla, el índice acusador siempre apunta en la misma dirección: los políticos

Corrupción

Corrupción / Pexels

Cuando de corrupción se habla, el índice acusador siempre apunta en la misma dirección: los políticos, olvidándose de quienes son actores clave del saqueo institucional, olvidándose de quienes utilizan el capital privado para secuestrar el interés público: los empresarios corruptos. En Zamora vamos bien servidos. Los hay de todos los calibres, grandes, medianos y pequeños. Estos últimos, como apenas tienen nada que perder, son los más osados. El ojo vigilante de la Agencia Tributaria, tiene a las nóminas entre ceja y ceja, dejando pasar, por cuestiones que nunca son eximentes en su trabajo, a las verdaderas manzanas podridas del sistema, a los que alteran la competencia leal, a los que compran las voluntades políticas, a los que privatizan los beneficios a costa del empobrecimiento social y a los de las facturas fraudulentas, que son los peores.

No sé cómo Hacienda, a quien le tengo un respeto imponente, no actúa en consecuencia. Los empresarios corruptos de Zamora tienen nombre y apellidos, rostros conocidos, unos más que otros, son los que se arriman a los políticos nunca por amistad o por afecto, siempre esperando sacar tajada para aumentar su cuenta de resultados y sus negocios. Detrás de cada político corrupto suele haber un interés privado que financia y lubrica la maquinaria. Los políticos no pueden ser tan pavos como para caer a la primera de cambio. Ningún regalo, por imponente que sea, merece la pena frente al crédito, frente al prestigio, frente a la dignidad y el ejemplo que debe representar todo político.

Los cantos de sirena son una trampa mortal. En la Odisea, el héroe Ulises (Odiseo) tuvo que enfrentarse a este peligro en su viaje de regreso a Ítaca. Para poder escuchar las voces sin caer en la tentación fatal, ordenó a su tripulación que lo ataran al mástil del barco y que se taparan los oídos con cera, logrando así sobrevivir a su embrujo. No hace falta taparse con cera los oídos, ni atarse a los escaños, basta con ser personas íntegras, éticas, insobornables. No se puede debilitar la democracia cayendo en la corrupción, generando desconfianza social, alimentando la creencia de que los políticos están en venta. Para más inri, el sector empresarial legítimo y competitivo sufre las consecuencias de estas prácticas.

Ojalá el peso de la Agencia Tributaria y el INSS, caigan cuanto antes sobre los infractores, sobre los defraudadores, sobre los tramposos, sobre quienes se han convertido en profesionales del pufo y la mentira.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents