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Opinión | Religión

Los ecos de León XIV

" Ojalá que el gran fruto de ese viaje apostólico sea que, en nuestra rutina, busquemos más el camino del tender puentes hacia el que piensa distinto para encontrar entendimiento y paz"

El Papa León XIV preside la celebración de la Santa Misa multitudinaria, a 12 de junio de 2026, en Santa Cruz de Tenerife, Islas Canarias (España). Esta histórica eucaristía al aire libre, desarrollada en la explanada del puerto de la capital tinerfeña, r

El Papa León XIV preside la celebración de la Santa Misa multitudinaria, a 12 de junio de 2026, en Santa Cruz de Tenerife, Islas Canarias (España). Esta histórica eucaristía al aire libre, desarrollada en la explanada del puerto de la capital tinerfeña, r / Germán L. Maymo/ACFI - Europa Press

Ya ha pasado casi algo más de una semana desde que el papa León concluyó en Canarias su viaje apostólico a España que lo llevó a Madrid, Barcelona, Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife. El eco principal de la visita es el baño y el fortalecimiento de la experiencia de fe que supone para los que participan activamente en este tipo de experiencias, porque estar allí te hace sentir partícipe de algo extraordinario que permanecerá en la memoria para siempre y que será ventana a la que acudir a tomar impulso mediante el recuerdo, cuando la vida te lleva a plantearte los fundamentos de la existencia o directamente te sume en una crisis de fe.

León XIV ha podido constatar distintas realidades de la sociedad española. Madrid estuvo marcada sobre todo por el encuentro con los jóvenes, la vigilia de la plaza de Lima, la misa de Corpus en Cibeles con más de un millón de fieles congregados en torno a su figura y el encuentro con la sociedad civil del Bernabéu. Y, por supuesto, también por la incursión política por su comparecencia como Jefe de Estado ante el Congreso de los Diputados de España.

Actividades todas de las que se puede concluir primero que ser cristiano y ser católico es una opción de vida como otra cualquiera. Es bueno mostrar cierta fuerza en momentos como este ante la secularización de nuestra sociedad. Sobre todo, para entender, primero, que aquí cabemos todos independientemente de nuestras creencias, que cada una tiene sus espacios. Y, segundo, es una muestra de respeto a la tradición católica que el pueblo español ha tenido a lo largo de la historia.

El paso por Barcelona enseñó al mundo, con la inauguración de la colocación de la torre de Jesús en la basílica de la Sagrada Familia, hasta dónde puede llegar la mano del hombre en la construcción de un patrimonio único para convertirlo en templo y en la obra cumbre del genial Gaudí, en una ceremonia que, además, estuvo marcada por el buen gusto.

Y la última parada en las islas le sirvió a al papa León para mostrar su apoyo y su solidaridad con el drama de la inmigración. Pidió para que esas rutas de la muerte a través del mar cesen y, sobre todo, llamó a que tengamos presente en la sociedad de hoy el don de la acogida a aquel que llega de lejos a nuestra tierra en pos de una vida mejor.

En conclusión, la visita del papa León sirvió para despolarizar algo, durante unos pocos días, la tensión política, social y mediática en la que vivimos. Ojalá que el gran eco y el gran fruto de ese viaje apostólico sea que, en nuestra rutina, busquemos más el camino del tender puentes hacia el que piensa distinto para encontrar entendimiento y paz, y no por el de la manifestación de la discrepancia a través del odio. n

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