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Opinión | Opinión

El ascenso que también juega Zamora

Millones de personas escucharían hablar de una ciudad y una provincia que con demasiada frecuencia queda fuera de los grandes focos informativos

Bufandas de aficionados del Zamora CF en el Ruta de la Plata

Bufandas de aficionados del Zamora CF en el Ruta de la Plata

Aunque cada partido de fútbol dura noventa minutos, el partido que está disputando estos días el Zamora CF dura más de hora y media. La eliminatoria frente al Sabadell decidirá si el equipo rojiblanco logra el ascenso a Segunda División; sin embargo, en realidad, lo que está en juego va mucho más allá de una categoría deportiva.

Cuando una provincia como Zamora se asoma a un escaparate tan amplio como el nacional, no solo gana su club de fútbol, gana también la ciudad, gana la provincia entera y gana una sociedad que lleva demasiado tiempo luchando contra la despoblación, el envejecimiento y la sensación de que las grandes decisiones siempre se toman lejos de aquí.

El mérito deportivo del Zamora CF es incuestionable. El conjunto rojiblanco ha firmado una temporada que ya forma parte de las más destacadas de su historia. Finalizó tercero en el Grupo A de Primera Federación, compitiendo durante todo el campeonato frente a clubes con plantillas diseñadas para luchar por el ascenso. Lo hizo, además, manteniendo una notable regularidad competitiva, convirtiendo el Ruta de la Plata en un fortín y demostrando una identidad de juego reconocible. La eliminatoria ante el Villarreal B terminó de confirmar el carácter de este equipo. Tras caer por 2-0 en la ida, el Zamora fue capaz de sobreponerse a la adversidad, remontar la eliminatoria y lograr una clasificación que quedará grabada en la memoria de toda la afición. Alcanzar la final del play-off ya constituye un éxito extraordinario para un club de sus dimensiones. Este Zamora ha demostrado competitividad, ambición, personalidad y una admirable capacidad de sacrificio colectivo. Virtudes que explican por qué ha llegado tan lejos y que han conseguido que toda una provincia vuelva a ilusionarse con la posibilidad de jugar en la Segunda División.

Sin embargo, conviene detenerse un momento para reflexionar sobre lo que supondría un ascenso del club de fútbol para Zamora desde una perspectiva económica y social.

En un mundo cada vez más competitivo como el actual, la visibilidad se ha convertido en un recurso estratégico. Las ciudades compiten por atraer inversiones, empresas, visitantes y talento; por lo tanto, la atención pública tiene un valor económico real y medible.

Durante una temporada en Segunda División, el nombre de Zamora aparecería cada semana en retransmisiones televisivas, medios de comunicación nacionales, plataformas digitales y programas deportivos. Millones de personas escucharían hablar de una ciudad y una provincia que con demasiada frecuencia queda fuera de los grandes focos informativos.

Esa exposición no resuelve por sí sola los problemas estructurales de Zamora, pero sí contribuye a combatir la invisibilidad, uno de los mayores enemigos del desarrollo económico. Durante los últimos años, además, el nombre de la provincia ha saltado a menudo a los titulares nacionales por motivos poco deseables, especialmente a raíz de los devastadores incendios forestales que han castigado amplias zonas de su territorio y han mostrado una imagen de dolor, pérdida y abandono. Está claro que lo que no se conoce difícilmente puede atraer oportunidades, pero también es cierto que ninguna tierra debería ser reconocida únicamente por sus desgracias.

No cabe duda de que existiría un impacto económico directo. Cada desplazamiento de aficionados visitantes generaría actividad en hoteles, restaurantes, cafeterías, comercios y servicios locales. Cada jornada de liga movilizaría recursos y consumo. Ningún analista financiero serio sostendría que el fútbol profesional transforma por sí mismo la economía de una provincia, pero tampoco puede negarse que constituye una fuente de dinamismo que beneficia a numerosos sectores.

Hay además un aspecto mucho más difícil de cuantificar y probablemente más importante y es el de que las sociedades necesitan referentes positivos, necesitan proyectos colectivos capaces de generar orgullo de pertenencia y necesitan motivos para creer que el esfuerzo sigue mereciendo la pena.

Durante años, los zamoranos hemos escuchado cifras sobre pérdida de población, envejecimiento demográfico, falta de inversiones o desequilibrios territoriales. Son realidades que no conviene ignorar; sin embargo, una comunidad no puede construirse únicamente desde el diagnóstico de sus problemas, también necesita éxitos que alimenten la confianza, aunque esos éxitos vengan por el camino del deporte rey.

Por eso, el posible ascenso del Zamora CF posee una dimensión que trasciende del deporte. Representa la demostración de que una ciudad pequeña puede competir con éxito frente a entidades que disponen de mayores recursos, representa la recompensa al trabajo bien hecho y representa la capacidad de resistir cuando muchos consideran que el partido está perdido.

La remontada frente al Villarreal B constituye una magnífica metáfora de la propia historia de Zamora. Una tierra acostumbrada a remar contra corriente, a sobreponerse a las dificultades y a seguir adelante cuando otros ya la daban por vencida. Quizá por eso este equipo ha conectado de forma tan especial con la provincia.

El próximo encuentro decidirá una plaza en Segunda División, pero también decidirá si Zamora logra, durante un tiempo, ocupar un lugar más visible en el mapa deportivo y mediático de España.

El resultado final todavía está por escribirse, el fútbol nunca garantiza nada. Lo que sí parece evidente es que el Zamora CF ya ha conseguido algo extraordinario al unir a una provincia entera detrás de una ilusión compartida. Y en una época en la que abundan las razones para el pesimismo, eso ya es una victoria de enorme valor.

Ahora queda el último tramo del camino, esos minutos en los que se separan los buenos equipos de los que terminan haciendo historia. Que ruede el balón, que hable el césped y que el sueño siga vivo hasta el pitido final. Porque toda Zamora lleva semanas apostando por este equipo desde la grada, desde los bares, desde las casas y desde cada rincón de la provincia. Y porque, como tantas veces ocurre en el fútbol, las gestas más recordadas son aquellas que parecían más difíciles de alcanzar.

A por ello: ¡Zamora late más fuerte, cambiemos la historia!

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