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Opinión | ZAMOREANDO

El índice acusador

OPINIÓN | Cuán prestos se muestran los políticos en general y algunos que otros en particular, a levantar el índice acusador para señalar al de enfrente, nunca para apuntarse a si mismos, reconociendo sus errores y sus flaquezas

Carlos Martínez

Carlos Martínez / Miriam Chacón | ICAL

Cuán prestos se muestran los políticos en general y algunos que otros en particular, a levantar el índice acusador para señalar al de enfrente, nunca para apuntarse a si mismos, reconociendo sus errores y sus flaquezas. Responder sobre sí mismos, salvo que sea para alabarse, no entra en los cálculos de quienes sólo saben hablar, para destacar sus errores, del contrario.

Al líder socialista de Castilla y León se le da muy bien eso de levantar el índice acusador. En esta nueva ocasión ha sido para espetarle en la cara al presidente en funciones, Alfonso Fernández Mañueco, de "tragar" por "su sillón" con un acuerdo "de la vergüenza" que “desmantela el estado de bienestar”. Vamos a ver, ¿acaso no es lo que ha hecho el presidente del Gobierno, pactando con indeseables como Bildu y con impresentables como Junts? Para unos hay bula y para otros excomunión.

Anda que no ha "tragado" Sánchez por mantener a salvo "su sillón", llegando a firmar pactos vergonzosos. El líder socialista en nuestra comunidad lo tiene muy fácil, si no quiere que Vox forme parte del Gobierno, que se abstenga en la votación de investidura. A mí tampoco me gusta que los partidos minoritarios, por mucho que suban en las encuestas, sean quienes pretendan manejar el cotarro y quedarse con las mejores tajadas. A mí no me gusta que Vox saque pecho con derecho a decidir cuando no ha ganado las elecciones. Pero es que otro tanto de lo mismo me ocurre con Bildu, Junts, ERC y PNV.

Es lo que no me gusta de los pactos. Los que son y se sienten necesarios se empoderan y actúan en consecuencia. Ya les vale. No están los políticos en España para señalar a nadie y mucho menos los que pertenecen a partidos minoritarios deseosos de manejar o "infiltrarse" en los gobiernos aludiendo a la gobernabilidad y la legitimidad democrática. Es verdad que pueden ser herramientas esenciales para garantizar la pluralidad y evitar mayorías absolutas abusivas. Pero no es menos cierto que representan un riesgo de inestabilidad y un desequilibrio en el momento en que una minoría condiciona el interés general a su agenda.

No puedo entender esa desproporción de poder que permite que partidos con menor respaldo territorial o nacional tengan la llave de la gobernabilidad, exigiendo concesiones desproporcionadas. Se ha visto con Bildu, con PNV, con Junts, con Vox y con ERC. Yo también levanto el índice acusador para señalar su oportunismo.

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