Opinión | Cartas
Seriedad profesional
"Médicos que no auscultan con consideración y de cualquier manera al paciente, sin hacerles un seguimiento de su patología; abogados que no atienden los encargos recibidos; gestores fiscales que ofenden a sus clientes "dejándolos tirados"; y ofendiéndoles; son comportamientos intolerables de sujetos indignos; de soberbios, de ignorantes"

CARTAS
Seriedad, según Diccionario de la lengua española de la RAE, supone "formalidad, responsabilidad, dignidad, rigor, celo1, sensatez, rectitud"; y profesional, "que practica habitualmente una actividad, incluso delictiva, de la cual vive"; lo que hay que considerar para "hablar con propiedad", y conozcamos a qué nos estamos refiriendo.
Pues bien, todo el mundo se supone que "ejerce una profesión u oficio" que, como toda actividad humana, tienen por razón de ser y de existir, el satisfacer; con plenitud, con conocimiento, con dedicación, con respeto, con afán de superación, con entereza, su correspondiente ejercicio; las necesidades y demandas de su respectiva "clientela", para que sean debidamente atendidas, según los medios de que disponga, como los de índole intelectual, y el "estado de la ciencia", "of course".
Y es que en el día a día, todo el mundo precisa de sus respectivos congéneres para solucionar la problemática y así lograr una vida plena en todos los órdenes de la existencia.
La amplia, profunda y actualizada, competencias profesionales, por el estudio concienzudo, el saber exactamente lo que precisa el demandante, el espíritu de servicio, de entrega, de respeto, de consideración hacía él, son condiciones "sine qua non", para la atención debida y exigente a quienes les pagan; y que logren una mínima reputación en los ámbitos profesionales y personales.
La educación que deberá existir y ser sólida para quiénes laboran lo hagan con la motivación, el sentido del deber, la asunción de retos, que un mundo cambiante, complejo, requiere de ellos; por lo que la reflexión y las debidas enseñanzas adquiridas en la escuela y con los progenitores, son inexcusables, importantísimas, irreemplazables.
Médicos que no auscultan con consideración y de cualquier manera al paciente, sin hacerles un seguimiento de su patología; abogados que no atienden los encargos recibidos; gestores fiscales que ofenden a sus clientes "dejándolos tirados"; y ofendiéndoles; son comportamientos intolerables de sujetos indignos; de soberbios, de ignorantes.
Que poco se tiene en cuenta lo dispuesto en la recta razón, "en no quieras para los demás, lo que no quieras para ti", lo previsto en la Ley 2/1974, de 13 de febrero, sobre Colegios Profesionales.
La deficiente convivencia, la carencia de estima recíproca, el rechazo, el desprecio son algunas de las consecuencias del nefasto comportamiento ajeno descrito.
Marcelino de Zamora
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