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Opinión | Editorial

Un último esfuerzo contra el horror del fuego

La sombra de la catástrofe vuelve a sobrevolar sobre la provincia y también lo hace una pregunta clave: ¿Estamos ahora mejor preparados?

incendio originado en Molezuelas de la Carballeda

incendio originado en Molezuelas de la Carballeda / José Luis Fernández / LZA

La temporada de alto riesgo de incendios ha comenzado este año mientras Zamora estaba de romería. Las temperaturas inusualmente altas de este mes de mayo, el más caluroso de la serie histórica, han puesto de nuevo el foco en el monte y el miedo en el cuerpo de quienes todavía respiran aroma de ceniza. Apenas han pasado nueve meses del horror en Sanabria, en Carballeda y en la Sierra de la Culebra, y sin embargo la sombra de la catástrofe vuelve a sobrevolar por la provincia, como también lo hace una pregunta clave: ¿Estamos ahora mejor preparados?

Los profesionales de la extinción de incendios tienen clara la respuesta: no. Piensan las empresas privadas subcontratadas por la Junta de Castilla y León que no se han dado los pasos adecuados en el último año para poder luchar contra los denominados incendios de sexta generación, que son aquellos cuya voracidad los convierte en prácticamente inextinguibles y a los que es mejor combatir con prevención. A juicio de la Asociación Nacional de Empresas Forestales, la escasez de medios pone en peligro las vidas de los retenes, por lo que han decidido retirar a 950 bomberos de las eventuales emergencias que a partir de ahora pudieran darse en esta tierra.

La sensación de que es posible un esfuerzo más cunde entre quienes tienen la responsabilidad de proteger a los ciudadanos. El presidente de la Diputación Provincial, Javier Faúndez, ha pedido al consejero Juan Carlos Suárez-Quiñones que reflexione sobre la prohibición de utilizar maquinaria como desbrozadoras o tractores a partir de la declaración del nivel de riesgo alto. Esto supondría, de facto, la parálisis del operativo que la administración tiene en marcha para la limpieza de perímetros en los pueblos. Un trabajo de retirada de arbolado y monte con motosierra cuyo objetivo último es que, de producirse un incendio contra el que no se pueda luchar, al menos se le haya impedido de manera preventiva la entrada en los municipios.

El pasado otoño comenzó con la máxima de que los incendios se apagan durante el invierno. Y esta primavera calurosa anticipa un más que complicado verano. Los vecinos del medio rural de Zamora son plenamente conscientes de que el infierno de las llamas puede regresar en cualquier momento y por eso sus ayuntamientos se han apresurado durante los últimos meses a exigir una limpieza a fondo a los propietarios de solares abandonados donde abunda la maleza. Unas actuaciones de oficio que requieren del complemento de peso aportado por quien más puede hacer para evitar que la situación se repita.

La Junta de Castilla y León ha anunciado recientemente una serie de modificaciones en la normativa que regula la gestión forestal y las actividades que se realizan en los montes para prevenir los incendios. Menos burocracia para abarcar más terreno, conscientes de que una parcela abandonada es más vulnerable que otra con rendimiento. Pero la efectividad de este planteamiento se medirá en el momento en que pase del papel al suelo y los montes se vean realmente limpios. No parece ser el caso de este 2026.

Cuatro incendios registrados en la provincia durante la última semana debido a las altas temperaturas han hecho saltar las alarmas de los zamoranos que todavía recuerdan con impotencia el desastre de la Sierra de la Culebra en 2022 y pueden ver por la ventana las consecuencias de lo acontecido en Molezuelas de la Carballeda, Porto y otra vez más en la Sierra de la Culebra el pasado 2026. Si el tiempo afloja, todavía será posible prevenir antes de tener que curar una tierra a la que ya le queda poca piel para tantas vendas.

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