Opinión | CuZeando en la ciencia
Zapatero y la entropía del poder
"La energía nunca desaparece. Se transforma. En política ocurre algo parecido con el poder. Algunos dejan el cargo, pero mantienen redes de influencia, contactos, capacidad de presión o acceso privilegiado a determinadas estructuras."

Zapatero y la entropía del poder
Hay un concepto en física que siempre me ha parecido fascinante. La entropía. Dicho de forma sencilla, la entropía está relacionada con la degradación de la energía y con la tendencia natural de los sistemas a evolucionar hacia estados menos aprovechables desde el punto de vista energético. Popularmente suele explicarse como una tendencia al desorden, aunque físicamente el concepto es bastante más profundo y preciso.
Es una ley física. Pero a veces parece también una ley social. Porque las sociedades, igual que muchos sistemas físicos, necesitan cohesión, normas compartidas y cierta estabilidad para mantenerse unidas. Cuando todo se reduce a enfrentar grupos, dividir relatos y alimentar agravios permanentes, el sistema empieza a degradarse poco a poco. Quizá no de golpe. Pero sí de forma constante.
Y creo sinceramente que una parte de la política española de las últimas décadas ha funcionado exactamente así. Resulta difícil entender muchas de las tensiones actuales sin mirar a la etapa de José Luis Rodríguez Zapatero. No solo por decisiones concretas, sino por una forma muy determinada de hacer política. Una política basada muchas veces en la división emocional, en convertir al adversario en enemigo moral y en reabrir fracturas que durante años España había conseguido, con bastante esfuerzo, mantener razonablemente cerradas.
Y lo más llamativo es que ese clima no apareció por casualidad. Fue rentable. La polarización tiene algo casi adictivo desde el punto de vista neurológico. El cerebro responde muy rápido al conflicto entre "los nuestros" y "los otros". Genera identidad, pertenencia y emoción inmediata. El problema es que también deteriora la convivencia a largo plazo. Igual que ocurre en física con algunos sistemas inestables, hay dinámicas que generan mucha energía inicial… pero acaban degradando toda la estructura.
La entropía política, por decirlo así. Por eso resulta especialmente llamativo ver ahora cómo alrededor de Zapatero aparecen investigaciones judiciales relacionadas con presuntas comisiones, tráfico de influencias o cobros difíciles de justificar en el caso Plus Ultra. La Audiencia Nacional lo investiga por organización criminal, tráfico de influencias y falsedad documental en relación con el rescate de la aerolínea.
Y aquí conviene ser rigurosos. Imputado no significa condenado. La presunción de inocencia debe respetarse siempre, guste más o guste menos el personaje político. Precisamente porque el Estado de derecho funciona así. Pero también es legítimo hacerse preguntas.
Porque hay algo profundamente desmoralizador en ver cómo antiguos dirigentes que hablaban constantemente de igualdad, ética pública o justicia social terminan orbitando alrededor de estructuras donde aparecen consultorías opacas, supuestas intermediaciones y cifras difíciles de explicar para trabajos cuya utilidad nadie acaba de entender muy bien.
Y eso tiene mucho que ver con otra idea muy física. La energía nunca desaparece. Se transforma. En política ocurre algo parecido con el poder.
Algunos dejan el cargo, pero mantienen redes de influencia, contactos, capacidad de presión o acceso privilegiado a determinadas estructuras. A veces esa influencia se utiliza de forma legítima. Otras veces aparece la sospecha de que se convierte en una especie de puerta giratoria mucho más sofisticada. No ya consejos de administración visibles, sino mediaciones difíciles de rastrear y extraordinariamente bien pagadas.
Y la gente, aunque no conozca los detalles jurídicos, percibe perfectamente cuándo algo huele raro. Quizá porque hay una intuición muy básica que casi nunca falla. Cuando alguien cobra enormes cantidades de dinero por trabajos ambiguos, informes vaporosos o asesorías imposibles de concretar, uno sospecha que probablemente no le están pagando por su talento técnico precisamente.
Y eso erosiona muchísimo. Erosiona la confianza, la credibilidad institucional y hasta la idea misma de servicio público. Igual que en física ciertos materiales sufren fatiga estructural cuando acumulan demasiada tensión, las democracias también se desgastan cuando sus ciudadanos perciben que las élites juegan con reglas distintas.
Al final, la entropía siempre aparece. Y recuperar después cohesión, confianza y estabilidad cuesta muchísimo más que destruirlas. n
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