Opinión | Zamoreando
Condenados a muerte
Lo que sí sé, y me repele, es que el régimen de los ayatolás es el campeón del mundo de las violaciones de derechos humanos

Dos mujeres pasan junto a una pintura del líder supremo iraní, Mojtaba Jameneí, este lunes en Teherán. / ABEDIN TAHERKENAREH / EFE
En verdad ignoro si el régimen de Teherán posee armamento nuclear, ni siquiera sé si son dueños de un arsenal que amenaza la paz mundial. Lo que sí sé, y me repele, es que el régimen de los ayatolás es el campeón del mundo de las violaciones de derechos humanos. Mientras el régimen iraní apura su carrera para construir armamento nuclear, también acelera las ejecuciones de todos cuantos defienden los derechos humanos, de todos cuantos osan oponerse, de todos cuantos se manifiestan en contra, de todos cuantos no entren por el angosto aro por el que hacen pasar a los ciudadanos de un país sometido y adoctrinado.
Los ayatolás no dan importancia a las condenas y ejecuciones, a las violaciones sistemáticas de los derechos humanos cuando alardean y lo publicitan dentro y fuera del país por si a alguien le queda duda alguna sobre sus intenciones de seguir sometiendo a la ciudadanía. Sin pudor alguno publicitan una y otra vez las muertes que llevan a cabo y su capacidad represora. Las cifras hablan por sí solas. Las autoridades iraníes ejecutaron al menos a 2.159 personas, más del doble que en 2024. El 80% de las ejecuciones practicadas el pasado año en el mundo tuvieron lugar en Irán. Y no porque lo diga servidora. Así lo cuenta un demoledor documento de Amnistía Internacional.
El informe de esta organización desvela que el pasado año las ejecuciones aumentaron en todo el mundo hasta alcanzar la cifra más alta registrada desde 1981, con 2.707 personas ejecutadas en 17 países. Si Irán ocupa el primer lugar, el deshonroso segundo puesto del ranking es para Arabia Saudí, que elevó su recuento de ejecuciones hasta al menos 356. Por cierto, los Estados Unidos de Trump elevaron de 25 a 47 las ejecuciones.
No es fácil vivir en países como Irán, Egipto o Singapur, donde las condenas a muerte son tan fáciles de ejecutar. Quienes todavía defienden al régimen de los ayatolás deben saber que las ejecuciones en el antiguo imperio persa han alcanzado su récord mundial en 44 años. No se puede utilizar la pena de muerte para reprimir la disidencia y para intimidar a la población. Basta ya de jugar con los derechos humanos que tanto se han torcido en países que ni respeto ni consideración merecen.
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