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Opinión | En voz baja

Jesús García de León

Jesús García de León

Abogado y secretario de Transición Justa del PSOE de Zamora

Sin abrigo

Pero hay discursos que ya llegan con la temperatura decidida, y por mucho que uno quiera, no hay brasero que caliente relato si llega helado de origen.

Cayetana Álvarez de Toledo saluda al público a su llegada al Club del periódico.

Cayetana Álvarez de Toledo saluda al público a su llegada al Club del periódico. / Alba Prieto

En Zamora solemos recibir a quienes vienen al Club LA OPINIÓN–EL CORREO DE ZAMORA con respeto y curiosidad. El Club abre puertas, escucha, acoge, o eso parece querer. Pero hay discursos que ya llegan con la temperatura decidida, y por mucho que uno quiera, no hay brasero que caliente relato si llega helado de origen.

Cada uno a su manera, Cayetana Álvarez de Toledo, Rosa Díez y Jaime Mayor Oreja trajeron frío. No intelectual, sino frío político, emocional y narrativo que, sin nacer aquí, aquí se siente.

Mayor Oreja habló de "frentes populares" y "verdades incómodas", de un país anestesiado por la mentira, todo desde una moral cerrada que convierte cualquier discrepancia en desviación. Rosa Díez reconstruyó su propio pasado político en línea recta de agravios, donde lo que un día defendió ahora es trocado en error o enemigo. Cayetana, en brillante épica de combate, prefirió la cruzada al consenso útil. Los tres compartieron una misma arquitectura emocional: la política como frío, como pérdida, como decadencia moral…, cuando no coincide con la propia.

El problema no es la crítica, siempre necesaria, sino la clausura: discursos que describen agravios, pero sin ofrecer caminos; que evocan pasado congelado, pero no imaginan futuro compartido. Nadie es convocado a deliberar, sino a certificar rupturas: el clima emocional del frío.

Por eso importa cómo hablamos y qué clima generamos. En territorios como el nuestro —que conocen bien la fragilidad demográfica, económica y social— el precio del ruido es tan alto como el del silencio interesado. Y en Castilla y León hemos tenido demasiado de lo segundo: semanas de espera, como si hubiera que mirar a Andalucía para saber qué decir aquí. Ese silencio que enfría y no reconforta.

En una tierra donde la transición justa no es un concepto, sino una necesidad diaria —en el campo, en la industria, en cada pueblo que lucha por tener vida plena— no podemos permitirnos discursos que solo traigan frío, sino abrigo.

Porque en Zamora sabemos bien: ¿para qué tener frío si no tenemos abrigo? Lo demás… lo dice el campo.

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