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Opinión

Zamora y sus deportistas merecen mejores infraestructuras

OPINIÓN | El Pabellón Ángel Nieto ha sido durante décadas el corazón del deporte zamorano, pero hoy late en un espacio que ya no acompaña su crecimiento

Zamora y sus deportistas merecen mejores infraestructuras.

Zamora y sus deportistas merecen mejores infraestructuras.

Zamora y sus deportistas merecen mejores infraestructuras A veces me pregunto si somos realmente conscientes de lo que está pasando en Zamora. Si de verdad percibimos que, en los últimos años, esta ciudad ha sabido lo que es competir en ASOBAL y que, en estos días, ha vuelto a celebrar un ascenso con el regreso de los Viriatos a División de Honor Plata, un paso más hacia una élite que Zamora ya ha pisado y a la que aspira volver. Al mismo tiempo, nuestros equipos de baloncesto -el CB Zamora y el CD Zamarat- han competido con entrega, llenando el Ángel Nieto y demostrando que la afición responde siempre que se le ofrece un proyecto ilusionante.

Mientras todo eso sucede, nuestros piragüistas siguen subiendo a podios nacionales e internacionales, Adrián Rodríguez se proclamaba campeón de España de muay thai y deportistas de Fundación Personas lograban una plata en los Special Olympic World Games de Berlín. Con ese talento y esa capacidad de superación, la pregunta se impone sola: ¿somos conscientes de que Zamora compite al nivel de ciudades que duplican o triplican nuestra población?

Y basta con fijarse dónde entrenan los deportistas zamoranos para que surja otra pregunta inevitable: ¿están nuestras infraestructuras a la altura de su esfuerzo, de su talento, de sus sueños?

El Pabellón Ángel Nieto ha sido durante décadas el corazón del deporte zamorano, pero hoy late en un espacio que ya no acompaña su crecimiento. No hablamos de futuribles, sino de una realidad que exige más de lo que puede ofrecer. Mientras nuestros equipos avanzan, el Ángel Nieto se queda corto para acoger grandes eventos, atraer competiciones de nivel o brindar la experiencia que una afición siempre entregada merece. Y, mientras tanto, ciudades como Huesca, Logroño o Guadalajara -con trayectorias deportivas similares- ya cuentan con pabellones multiusos modernos con aforos de 4.000 o 5.000 personas, capaces de albergar competiciones nacionales, conciertos y eventos culturales. Ciudades que han entendido que el deporte es una inversión.

Y no hablo solo de balonmano y baloncesto. El Zamora CF se juega un ascenso histórico mientras su cantera sigue entrenando en campos que no están a la altura, un reflejo más de esa brecha entre el nivel deportivo y las infraestructuras. Hablo de atletismo, con jóvenes como Marcos Gómez o Lucía Ferrero destacando en la provincia, mientras Zamora continúa sin una pista cubierta que permita entrenar todo el año y acoger competiciones que hoy pasan de largo. Hablo de piragüismo, con Raúl Coco, Spas Dimitrov o Eva Barrios subiendo a podios nacionales y europeos, pese a que seguimos sin aprovechar el enorme potencial del Duero como espacio deportivo. Hablo de judo, con Paula Rodríguez como medallista nacional cadete; y de natación, donde nuestros niños y niñas se clasifican para campeonatos de España con una ilusión que supera, de largo, las condiciones en las que entrenan. Y podría seguir: pádel, tenis, tenis de mesa, tiro con arco, gimnasia, triatlón o bádminton, donde Aitor Llandrés está construyendo una cantera admirable. Todo esto ocurre aquí, en Zamora. Y ocurre, demasiadas veces, a pesar de las instalaciones.

Porque el problema no es el talento, sino dónde lo hacemos crecer. Nuestros deportistas hacen su parte, nuestros clubes también y nuestra afición responde, llena, anima y sostiene. Los clubes forman, educan y compiten representando a Zamora con dignidad; la base deportiva -esa cantera que es el tesoro de una ciudad- crece, se esfuerza y sueña. Y los podios llegan. Y los ascensos llegan. Y las medallas llegan. Pero las instalaciones se quedan atrás. Por eso necesitamos crear espacios públicos que permitan entrenar en condiciones, acoger veladas deportivas, organizar campeonatos nacionales y atraer eventos que hoy no podemos asumir. Salas de tecnificación, tatamis permanentes, pistas modulares, espacios polivalentes… instalaciones que no sustituyen a nadie, sino que impulsan a todos.

Y mientras tanto, el deporte genera un potencial turístico y económico que Zamora está dejando escapar. Cada campeonato autonómico o nacional que no podemos acoger es una oportunidad perdida para nuestros hoteles, restaurantes, comercios y para nuestra imagen como ciudad. Cada evento que se va a otra provincia nos recuerda que podríamos estar haciendo mucho más.

Como concejala de Zamora Sí, creo profundamente en el deporte como motor de ciudad, como herramienta de cohesión social, como espacio de encuentro, como generador de identidad y de oportunidades. Y creo que ha llegado el momento de que Zamora dé un paso adelante; de dejar atrás el conformismo, de abandonar la mirada corta y de empezar a construir la ciudad que sabemos que podemos ser.

¿De verdad creemos que Zamora no puede aspirar a más? Es momento de pensar en grande, de creer que esta ciudad puede acompañar el camino de quienes, como el CB Zamora de Saulo, algún día podrían rozar el cielo de la ACB. Es momento de plantear un espacio multiusos con un aforo amplio y centros de tecnificación en disciplinas donde ya destacamos, como el piragüismo, el bádminton o el judo. Nuestros deportistas ya han demostrado hasta dónde pueden llegar; entrenan en instalaciones que no siempre están a la altura, compiten contra rivales con más recursos, viajan, se esfuerzan, se sacrifican. Y aun así ganan. Aun así, destacan. Aun así, hacen que el nombre de Zamora resuene en España y en Europa.

Ahora nos toca a nosotros construir el lugar donde sus sueños puedan crecer, impulsando el futuro deportivo de nuestra ciudad y evitando esa inercia que ha convertido en normal que una obra tarde veinte años en ejecutarse. Veinte años. Una generación entera esperando lo que debería ser una decisión de presente. Es hora de romper ese ciclo y demostrar que Zamora puede hacer las cosas a tiempo, con ambición y con visión de futuro. La pregunta es: ¿van a estar a su altura quienes tienen la responsabilidad de decidir?

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