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Opinión | El espejo de tinta

Eurovisión y política

OPINIÓN | El veto -preocupada está la organización y llorosos los participantes- de la televisión pública española al festival de Eurovisión es solo el último ejemplo, hasta el momento, del mal que aqueja a nuestro país en los últimos años

Eden Golan, la representante de Israel,  interpreta ‘Hurricane’.Malmo (Sweden), 10/05/2024.- Eden Golan representing Israel with the song 'Hurricane' performs on stage during the first dress rehearsal before the final of the 68th edition of the Eurovision Song Contest (ESC) at Malmo Arena, in Malmo, Sweden, 10 May 2024. The final of 2024 Eurovision Song Contest takes place on 11 May. (Suecia) EFE/EPA/JESSICA GOW SWEDEN OUT

Eden Golan, la representante de Israel, interpreta ‘Hurricane’.Malmo (Sweden), 10/05/2024.- Eden Golan representing Israel with the song 'Hurricane' performs on stage during the first dress rehearsal before the final of the 68th edition of the Eurovision Song Contest (ESC) at Malmo Arena, in Malmo, Sweden, 10 May 2024. The final of 2024 Eurovision Song Contest takes place on 11 May. (Suecia) EFE/EPA/JESSICA GOW SWEDEN OUT / JORDI BIANCIOTTO| JESSICA GOW / JORDI BIANCIOTTO| JESSICA GOW / EFE

El veto -preocupada está la organización y llorosos los participantes- de la televisión pública española al festival de Eurovisión es solo el último ejemplo, hasta el momento, del mal que aqueja a nuestro país en los últimos años. Circunscribir todo a la política, desde el cine al deporte, desde la literatura a la música, hace que los ciudadanos seamos cada vez menos libres ya no solo en las cosas verdaderamente importantes sino hasta los niveles de la máxima superficialidad.

No acudir a un festival de música por el hecho de que concurra otro país es no sólo estúpido sino insultante para quienes pagamos con nuestros impuestos el despilfarro infumable de RTVE. No hacerlo por interés meramente propagandístico del gobierno de turno nos sitúa en esa zona en la que la gobernanza, la soberanía y el poder se entienden patrimonio propio del gobernante, como se podían entender o se entienden en el franquismo, en el régimen chino o de Corea del Norte o en la Rumanía de Ceaucescu, por poner dos ejemplos pasados y dos presentes.

Como fue estúpido en las últimas ediciones que desde el gobierno se tratara de impedir la participación de ese país, Israel, simpático o antipático pero soberano, democrático y amenazado de desaparición por sus enemigos, por cálculo electoral que nuestra paleo-izquierda cree rentable. El pueblo, no obstante, salvo en los regímenes totalitarios en términos absolutos, encuentra siempre la forma de burlar las cadenas. En España casi siempre con ese especial ingenio para tocar las pelotas al poderoso. Y así, gustara o no la canción, el voto de los televidentes, aún teniendo que pagar por emitirlo, se volcó abrumadoramente en favor de los participantes israelíes.

Los políticos son vivo reflejo de los pueblos a los que pertenecen, a los que guían aunque sea al abismo y de los que salen elegidos. Con todo, desgraciadamente por sus consecuencias, aunque con esperanza en su reversibilidad en el tiempo, a veces los políticos alcanzan cotas de tontería muy superiores a la que en conjunto destilan los ciudadanos a los que representan.

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