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Opinión

Falta de oncólogos en Zamora y de humanidad en política

"La carencia de oncólogos en Zamora no puede bajo ningún concepto convertirse en otro motivo para la resignación, sino en un punto de inflexión"

Oncólogos en el Congreso de Oncologia de Castilla y León celebrado en Zamora.  | MIGUEL ÁNGEL LORENZO

Oncólogos en el Congreso de Oncologia de Castilla y León celebrado en Zamora. | MIGUEL ÁNGEL LORENZO

En Zamora, nos hemos acostumbrado a contar lo que perdemos: trenes, jóvenes, prestación de servicios, convirtiéndolo todo en números, como si detrás de cada cifra no hubiera proyectos de vidas, expectativas, ilusiones, anhelos.

Pero hay algunas cifras que duelen de una manera especial, pues se miden en angustia, incertidumbre, desvelos y en tiempo de vida: la falta de oncólogos en la provincia.

Ni es, ni puede ni debe ser un dato técnico ni una cuestión menor; es uno de los síntomas más evidentes de hasta qué punto la sanidad pública y quienes la gestionan están dejado deliberadamente de mirar a Zamora de frente y deberían por acabar de no poder mirarnos a los Zamoranos a los ojos. Cuando el cáncer entra en una casa, y quienes hemos experimentado esa sensación conocemos de la extrema vulnerabilidad de ese instante, lo último que una familia debería preguntarse es si habrá médicos suficientes para atenderles.

¿Es mínima y éticamente admisible?

En los últimos meses, la denuncia ha pasado de comentario de sala de espera o corrillo de domingos en Santa Clara a clamor colectivo. Las quejas se cuentan por miles, 4.000 zamoranos han presentado quejas ante el Procurador del Común por la falta de oncólogos en la provincia, formalizadas ante instituciones que han tenido que agruparlas por pura saturación, mientras admirables asociaciones de pacientes, y profesionales denuncian impotentes que no hay suficientes oncólogos para quienes se enfrentan al cáncer en Zamora.

Detrás de cada queja hay una vida, familias, hay una historia de espera y de incertidumbre, de citas que se retrasan, de llamadas sin respuesta, de familiares que miran el calendario y temen que el tiempo administrativo se coma el tiempo vital.

Para quien está sano, una demora es una molestia cotidiana; para quien tiene un tumor, es una amenaza letal y sin duda es una des humanidad política sin parangón.

Ir al oncólogo no es "una consulta más": es un viaje físico y emocional que la inmensa mayoría hace con miedo. ¿Somos capaces de imaginar cómo ese miedo se multiplica cuando no saben si les verá su médico habitual? ¿si su tratamiento se mantiene? ¿si hay cambios o si, sencillamente, la próxima cita será demasiado tarde?

Si en una gran capital nadie aceptaría quedarse con un servicio de Oncología mermado, ¿por qué en Zamora parece que tengamos que conformarnos con lo que haya? No solo perdemos población; perdemos especialistas, servicios y expectativas.

Cada plaza de oncología sin cubrir envía un mensaje terrible a nuestra sociedad, aquí, la vida vale un poco menos.

El tumor que se diagnostica en un pueblo de Aliste o Sayago duele igual que el que se detecta en el centro de Valladolid o Madrid. La diferencia está en los tiempos de respuesta, en la continuidad del tratamiento, una sanidad que tolera desigualdades territoriales tan evidentes deja de ser pública solo porque se financie con impuestos; pierde su carácter de servicio universal y pasa a ser un mapa de privilegios y carencias.

La pregunta por tanto es, ¿qué podemos hacer? Para empezar, dejar de mirar hacia otro lado. La falta de oncólogos en Zamora no puede ser un asunto que reaparece solo cuando hay una campaña electoral o una polémica puntual por la proximidad del verano

La carencia de oncólogos en Zamora no puede bajo ningún concepto convertirse en otro motivo para la resignación, sino en un punto de inflexión. En una provincia en que conocemos bien el peso del abandono, ha llegado el momento de decir alto y claro que con la salud no se juega, y que, con el cáncer, menos todavía. Detrás de cada número hay una persona que espera, un diagnóstico que no admite demora y una familia que necesita algo tan básico como saber que, al menos, el sistema sanitario está a la altura de su miedo.

Cuando me despedí de las Cortes de Castilla y León pedí a nuestros representantes que no olvidaran nunca que la política no puede perder la humanidad.

Que en Zamora levantemos la voz no es victimismo, es dignidad.

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