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Opinión

De los "Ojos verdes" a "La bien pagá"

OPINIÓN | Fue un buen día del año 1935, cuando sentados en la cafetería del Hotel Oriente, en plena Rambla de Barcelona, Rafael de León y Federico García Lorca compusieron la canción más conocida de la copla española

Mural dedicado a Federico García Lorca en Zamora

Mural dedicado a Federico García Lorca en Zamora / Cedida

Fue un buen día del año 1935, cuando sentados en la cafetería del Hotel Oriente, en plena Rambla de Barcelona, Rafael de León y Federico García Lorca compusieron la canción más conocida de la copla española que lleva por título "Ojos verdes". Eso se hizo en presencia del gran intérprete Miguel de Molina, que aprovechó la ocasión para pedírsela, al objeto de poder interpretarla. Pocos años después tuvo que exiliarse a Argentina, porque en España los aires del nuevo régimen le hacían la vida imposible. Su condición de homosexual y republicano era demasiado lastre para los vencedores de la Guera Civil. Federico se encontraba allí porque iba a estrenar en la ciudad condal "Doña Rosita la soltera", protagonizada, ni más ni menos, por la mítica actriz Margarita Xirgu.

Hay quien ha llegado a decir que cuando Rafael de León le sugirió a Lorca lo del color verde, éste no estuvo muy de acuerdo, por el hecho de haberlo utilizado ya antes, en 1928, cuando escribió el poema "Verde que te quiero verde", a lo que Rafael de León le respondió que el color verde no era algo de su propiedad: "Ojos verdes, verdes como la albahaca. Verdes como el trigo verde y el verde, verde limón".

Los hermanos Manuel y Antonio Machado, fueron grandes defensores de la copla. De hecho, dos estrofas de uno de los poemas escritos por Manuel venían a decir : "Procura tú que tus coplas / vayan al pueblo a parar / aunque dejen de ser tuyas / para ser de los demás". "Tal es la gloria Guillén / de los que escriben cantares / oír decir a la gente / que no los ha escrito nadie".

No fue hasta el año 1989 cuando llegué a saber de la existencia de Miguel de Molina a través de la película de Jaime Chavarri, interpretada por Manuel Bandera, "Las cosas del querer", que recogía unos cuantos pasajes de su agitada vida. Así lo reconoció el popular cantante, por mucho que Chavarri arguyera que cualquier parecido con la realidad era pura coincidencia. Desde entonces he tenido oportunidad de escuchar "Ojos verdes" a otros intérpretes, pero ninguno ha llegado a impresionarme tanto como la versión que grabó en su momento Miguel de Molina.

Hasta entonces, no había estado interesado en ese género musical, que estuvo tan de moda durante gran parte del siglo pasado. Puede que fuera, por el hecho de conocer solo grabaciones casposas de la época franquista, en la que la tecnología era la que era. Pero años después, en la época democrática, empezaron a surgir intérpretes como Pasión Vega, Miguel Poveda, Diana Navarro, Pastora Soler y Carlos Cano, y a hacerse otras versiones que dieron otro aire a aquellas composiciones, algunas maravillosas, que trataban de la tristeza, del desengaño, de los celos, en definitiva, del amor. Y con unos arreglos y orquestaciones que les dieron un empaque diferente. De ahí que no deje de extrañarme que me haya gustado tanto la versión "casposa" de Miguel de Molina. Quizás tenga algo, o mucho que ver con el sentimiento que pudo poner el artista en el momento que la grabó, y haber quedado prendidas en los surcos del disco las circunstancias dramáticas que estaba padeciendo.

Si se tuviera que elegir la canción de Miguel de Molina que más ha llegado a calar en la gente, quizás se llegaría a optar por "La bien pagá". Aquella que compuso Juan Mostaza, y que venía a decir: "Bien pagá/ Si, tú eres la bien pagá / Porque tus besos compré / Y a mi te supiste dar / Por un puñao de parné / Bien pagá, bien pagá / Bien pagá fuiste mujé" . Probablemente, debió costarle mucho esfuerzo poner tanta pasión para dar vida al protagonista de la canción, ya que no tenía nada que ver con sus circunstancias personales.

Lo cierto es que, a veces, sea para bien o para mal, es difícil separar al personaje de la obra, y también de su entorno, aunque no sea lo más justo, ni tampoco razonable hacerlo así. Porque por mucho que Picasso no tratara bien a las mujeres de su vida, no parece que haya que dudar de la categoría de la obra del genial artista. Tampoco relacionar las interpretaciones del gran actor Kevin Spacey, con el hecho de estar acusado de abusar de chicos menores de edad. O menospreciar el trabajo del científico Albert Einstein por no llegar a conocer a su primera hija, o por separarse de su mujer y liarse con su prima; en fin, por llevar una vida desordenada en la que ejercía el rol de infiel. O a lo que pueda sentirse al escuchar una canción interpretada por Tina Tuner, ya que es difícil evitar recordar su infeliz infancia y el maltrato sufrido a manos de su marido.

El hecho de buscar una mejora emocional hace que resulte difícil no ponerse del lado del oprimido, del débil, del maltratado, porque no deja de ser un fundamento moral, una búsqueda del equilibrio. Y es que, cuando los sentimientos traspasan el muro de las apariencias, éstas pueden llegar a convertirse en protagonistas.

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